Cada 13 de mes, un mausoleo en San Juan se llena de fieles por un cura que murió hace 30 años
Murió en 1996 y él rechazaba que lo llamaran milagroso. Sin embargo, cada 13 de mes un mausoleo en San Juan se llena de fieles que llegan a rezarle. A 30 años de su muerte, la historia del padre Mariano Ianelli sigue más viva que nunca.
El padre Mariano Ianelli murió en 1996, a los 50 años, y este domingo 4 de octubre se cumplen tres décadas de aquel fallecimiento. Pero su nombre no se apagó: sigue vivo en Jáchal, en dos instituciones que lo llevan y en una reunión de fieles que se repite cada 13 de mes en el Cementerio de la Capital.
Su ministerio lo llevó por distintos puntos de San Juan y también fuera de la provincia. En Jáchal estuvo al frente de la Iglesia San José, donde construyó un vínculo que excedió lo estrictamente religioso. Para muchos de los que compartieron esos años, Ianelli no era solo el sacerdote que oficiaba misas y administraba sacramentos.
El cura al que todos podían acudir
Quienes lo conocieron lo recuerdan como alguien a quien se podía acudir. Su forma de escuchar, de acompañar y de acercarse a quienes atravesaban momentos difíciles le dejó una marca a la comunidad jachallera. En su figura encontraron una palabra de consuelo, una presencia en momentos de angustia o, simplemente, la posibilidad de sentarse frente a alguien dispuesto a escuchar.
Después de su muerte empezaron a multiplicarse los relatos de personas que aseguraban haber recibido favores o curaciones por su intercesión. Así nació una devoción popular que con los años lo convirtió, para muchos, en el sacerdote “sanador” o “milagroso”.
Ianelli, en cambio, rechazaba esa condición, según recuerdan quienes estuvieron cerca suyo. No se atribuía poderes extraordinarios ni decía ser quien obraba los milagros. Su respuesta era otra: él no hacía milagros, era Dios quien obraba.
Esa concepción también marcó la manera en que sus seguidores construyeron su recuerdo. Para quienes mantienen viva la devoción, Mariano Ianelli no es solo la memoria de un sacerdote muerto hace tres décadas, sino una figura a la que todavía recurren en busca de consuelo, agradecimiento o esperanza.
Dos instituciones y un mausoleo
La huella que dejó en Jáchal permaneció después de su muerte. Tres décadas más tarde, su nombre sigue formando parte de la vida institucional del departamento: la terapia intermedia del Hospital San Roque lo lleva y el CENS de Jáchal también. Son dos espacios distintos, uno de salud y otro de educación, que mantienen presente al sacerdote e hicieron que su nombre circule entre generaciones que, en muchos casos, ni siquiera llegaron a conocerlo en persona.
Pero hay un lugar donde esa memoria adquiere una dimensión más íntima: el Cementerio de la Capital. Allí, cada día 13, fieles se reúnen frente al mausoleo donde descansan sus restos para rezar el rosario. La tradición comenzó poco después de su fallecimiento, impulsada por su hermana, Virginia Ianelli, y se sostuvo durante casi tres décadas.
Los restos del sacerdote fueron trasladados al actual mausoleo un año después de su muerte. El espacio se pudo construir gracias al aporte de numerosas personas que quisieron colaborar para preservar su memoria. Con el tiempo, aquel sitio dejó de ser solo un lugar de descanso y se convirtió en un punto de encuentro para quienes llegan con una oración, un agradecimiento o un pedido.
Detrás de cada encuentro, una historia
Están quienes aseguran haber recibido un favor. Familias que durante años conservaron una estampita con su imagen. Personas que llegan cada 13 con una intención particular. Y también aquellos que no hablan de milagros, pero sí recuerdan la sensación de tranquilidad que encontraban después de conversar con él.
Quizás ahí esté la dimensión más perdurable de Mariano Ianelli. No solo en los nombres que llevan instituciones ni en las historias extraordinarias que rodearon su figura después de su muerte, sino en algo más simple: la memoria de un hombre que, mientras estuvo vivo, hizo que muchas personas sintieran que no estaban solas.
Treinta años después de su muerte, esa memoria todavía se reúne cada 13 frente a un mausoleo, vuelve a rezar su nombre y mantiene encendida una devoción que nació en vida y que el tiempo no consiguió apagar.
Fuente: con info de Actualidad Jachallera