Buscaron a los hermanitos durante cinco días: el jefe de rescate quebró en llanto al contar cómo los encontraron
Durante cinco días, el comisario Pablo Aguirre y su equipo se metieron en las aguas heladas del río Gallegos para encontrar a los dos hermanitos de Palermo Aike. Cuando tomó la palabra, no pudo terminar la frase: lo que dijo sobre los padres de los chicos quebró a toda la sala.
La conferencia de prensa posterior al hallazgo de los dos hermanitos de 10 y 12 años en la zona rural de Palermo Aike dejó de lado la frialdad del informe técnico y se convirtió en un momento de dolor y desahogo para las fuerzas de rescate. El comisario Pablo Aguirre, jefe del Departamento de Grupos Especiales de la Policía de Santa Cruz, no pudo contener las lágrimas al repasar el trabajo de sus hombres en las aguas heladas del río Gallegos.
Los pequeños habían desaparecido tras caer al cauce en el sector conocido como La Toma. El operativo mantuvo en vilo a toda la provincia durante casi una semana, hasta que se confirmó la recuperación de los cuerpos.
El “punto cero”, la clave del operativo
Aguirre explicó que los testimonios recogidos y los relevamientos de la jornada previa permitieron reconfigurar el área de inmersión. La delimitación del llamado “punto cero” orientó las maniobras de buceo táctico hacia el lecho del río, donde la vegetación y los troncos sumergidos retenían a las víctimas.
Sobre la mecánica del trabajo subacuático, realizado a oscuras y al tacto, el comisario detalló: “Evidentemente, la información recabada (por el miércoles) ayer y marcar el punto cero hizo énfasis en esa zona. Se trabajó sobre posibles enganches en el fondo submarino y, al hacer eso, se pudieron liberar los menores, en el transcurso de ese arduo trabajo subacuático”.
El jefe policial también señaló que las corrientes cambiantes y el flujo del agua incidieron en el desplazamiento de los cuerpos una vez concretado el desenganche. En paralelo, brigadas terrestres peinaron minuciosamente ambos márgenes del cauce para asegurar la efectividad del procedimiento.
“Nos quedamos hasta que los equipos de respiración se quedaban sin aire”
El momento de mayor carga emotiva llegó cuando Aguirre se detuvo a valorar la entrega de los efectivos que dependen de él. Los equipos trabajaron en turnos maratónicos, desafiando la hipotermia y el agotamiento psicológico durante cinco jornadas.
Con la voz quebrada, sostuvo: “Quiero resaltar el equipo de trabajo del Departamento de Grupos Especiales. Empezamos a trabajar desde el momento uno. Nos quedamos hasta que los equipos de respiración se quedaban sin aire. Quiero resaltar el excelente recurso humano, quedó demostrado que está a la altura de las circunstancias, y quiero reconocer a cada uno de los efectivos que me dependen”.
El pedido que lo quebró
La conmoción se apoderó de los presentes cuando el comisario se puso en el lugar de la familia que aguardaba a la vera de la ruta. Quebrado por las lágrimas, pero con la templanza de quien sabe que cumplió con el deber, expresó: “Nuestra misión era que sus padres puedan despedir a sus hijos. Yo tengo dos hijos y no me gustaría estar en su lugar. Nosotros trabajamos como si fueran nuestros hijos y la idea era terminar. Todo el equipo está muy cansado, pero no importa”.
En el tramo final de la rueda de prensa, Aguirre ponderó el trabajo interinstitucional y el diseño estratégico desplegado en el campamento de Palermo Aike, uno de los operativos más complejos de la historia reciente de la capital santacruceña. “Acá es donde se coordinaron todas las tareas. Esto es planificación y coordinación, y llegamos a buen puerto para que sus padres puedan despedir a sus hijos”, ratificó.