Brasil le pisa los talones a la harina de soja argentina: la competitividad del principal producto exportador en jaque
¿Sabías que Brasil está a punto de superar a Argentina en exportación de harina de soja? Un informe de la Bolsa de Rosario revela cómo la brecha se achica y qué factores ponen en jaque al principal producto del agro.
La competitividad del principal producto de exportación del agro argentino está en alerta. Brasil acorta distancias y amenaza el liderazgo histórico de Argentina en el mercado de harina de soja, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) que revela datos contundentes.
“Brasil le pisa los talones a Argentina en exportación de harina de soja. La participación del aceite en el ingreso industrial alcanza máximos históricos en Chicago y la más alta en Argentina durante la última década”, describió el estudio elaborado por Ana Rubicondi, Franco Pennino, Matías Contardi y Emilce Terre.
¿Cuánto se achica la brecha?
Las proyecciones para el primer semestre de 2026 ubican las exportaciones brasileñas de harina de soja por encima de 12,3 millones de toneladas, muy cerca de los 13,3 millones estimados para Argentina. Este escenario es resultado directo de la fuerte expansión del crushing en Brasil, que cerró 2025 con un volumen récord de 58,7 millones de toneladas procesadas, un 22,8% más que en 2021.
Históricamente, Argentina ha sido líder indiscutido, pero mientras la molienda local se estanca, la industria brasileña crece año tras año. Se proyecta que para el acumulado a junio de 2026, Argentina exporte “solo” 8% más que Brasil, una brecha que se achica drásticamente frente al 86% de 2021 y al 23% del primer semestre de 2025.
El factor biodiesel y el aceite de soja
Uno de los motores de este fenómeno es la promoción a la industria de biodiesel en Brasil, que disparó la demanda de aceite de soja a máximos históricos. Como contrapartida, aumenta la oferta de harina de soja, lo que eleva la competitividad brasileña y afecta directamente al principal producto exportador argentino y al precio interno de la soja.
El acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán, que incluye la reapertura del estrecho de Ormuz, provocó una caída del petróleo Brent por debajo de los US$80 por barril, tras haber superado los US$110 en mayo. Esto presionó a la baja las cotizaciones del aceite de soja en Chicago, que volvió a US$1500 por tonelada después de 35 ruedas por encima de US$1600.
Sin embargo, el combo de biocombustibles en EE.UU. y un nuevo piso energético global elevó el “oil share” a un récord histórico: el aceite explica el 55% del ingreso industrial en Chicago, 17 puntos porcentuales por encima del promedio histórico.
Impacto en el mercado local
En Argentina, el aceite de soja FOB se mantuvo por encima de US$1100 por tonelada en los últimos tres meses, la segunda cotización más alta para esta época solo detrás de los récords de 2022. En contraste, la harina de soja FOB cayó 10% desde su pico de mayo. Como resultado, casi el 50% del poder de compra industrial argentino depende hoy del precio del aceite.
El poder de compra del sector industrial ajustó un 4,5% en las últimas cuatro semanas, poniendo un techo al precio de la soja local, que oscila en torno a $465.000 por tonelada, apenas un 2% por encima del promedio de mayo en términos nominales.
Maíz y trigo: otras caras del mercado
La cosecha de maíz tardío avanza un 58% a nivel nacional, en línea con el último lustro, pero el clima húmedo dificulta las labores. Los precios futuros del maíz ya están en niveles pre-Ormuz, tras una caída de US$10 por tonelada en cada posición, impulsada por la oferta sudamericana récord, el buen estado del maíz estadounidense y el desarme de posiciones de los fondos en Chicago, que recortaron su posición larga un 95% en seis semanas.
No obstante, la caída tiene límites: el área sembrada con maíz en la campaña 2026/27 se redujo un 3,6%, mientras la soja ganó 4,3% en hectáreas, según USDA. En Brasil, la safrinha avanza con rindes dispares según la región.
En cuanto al trigo, la siembra acumula un 44% a nivel nacional, con un ritmo récord. En Buenos Aires, el clima húmedo y la incertidumbre económica llevan a los productores a actuar con cautela, aunque el perfil hídrico adecuado favorece el crecimiento del cereal.