Brasil dio vuelta la historia: el dato que nadie había logrado en 37 años

Brasil amaneció con un resultado que cambia el tablero regional y que también toca el bolsillo argentino: el respaldo de Milei a Flávio no alcanzó, y ahora el gobierno mira cómo reacomodarse. Lo que se viene en comercio, aranceles y alianzas no es lo que muchos esperaban.

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Brasil dio vuelta la historia: el dato que nadie había logrado en 37 años
Brasil dio vuelta la historia: el dato que nadie había logrado en 37 años

Luiz Inácio Lula da Silva volvió a romper un molde en Brasil. Con el 51,75% de los votos frente al 48,25% de Flávio Bolsonaro, el líder del PT se quedó con la segunda vuelta y se convirtió en el primer mandatario brasileño en alcanzar cuatro períodos. A sus 80 años, asumirá el 1 de enero de 2027.

El resultado no fue un simple cambio de humor electoral. Tres semanas antes, Lula había quedado casi dos puntos por detrás. Y había algo más pesado en el aire: desde 1989, en las siete segundas vueltas que se disputaron, quien salía primero en la primera ronda siempre terminaba en el Planalto. Esa noche, esa regla se hizo añicos.

La cifra, sin embargo, apenas roza la superficie. Lula se impuso a las encuestas, al hijo de un expresidente preso por golpismo y a una marea conservadora que en apenas tres años se impuso en Argentina, Perú, Colombia, Chile y Bolivia. También derrotó al candidato que Donald Trump recibió en el Salón Oval y al que Javier Milei fue a respaldar hasta San Pablo.

De dónde salieron los votos que dieron vuelta la elección

El 4 de octubre, según el Tribunal Superior Electoral, Flávio había cosechado el 47,03% de los votos válidos y Lula el 45,16%. Los sondeos de la última semana lo mostraban casi empatados: 51 a 49 en Datafolha y 50 a 50 en PoderData.

El sociólogo Daniel Schteingart publicó en X una pista clave para entender la remontada. La participación subió del 79,3% al 80,9%, lo que sumó 1,3 millones de votantes, en su mayoría inclinados hacia Lula, sobre todo en el Sur y el Sudeste. Al mismo tiempo, el voto en blanco y nulo cayó del 4,5% al 3%, unos 900 mil sufragios menos que también engrosaron las filas del presidente.

El electorado de los candidatos eliminados se repartió de forma despareja: gran parte del de Cury fue a Lula, mientras que el de Caiado y Renan Santos se dividió en torno al 40% para el presidente y el 50% para Flávio.

Un sondeo de Quaest del sábado ya anticipaba el clima: el 49% decía que no votaría a Flávio bajo ninguna circunstancia y el 47% afirmaba lo mismo de Lula. En una elección definida por el rechazo, ganó quien logró que los ausentes volvieran a las urnas y que una porción del voto ajeno se corriera hacia su lado. Lula logró trazar a su favor un cordón sanitario democrático.

La agenda que movilizó a los que no habían ido

La campaña del PT no se quedó en la retórica. Ofreció una agenda de cuidado concreto: aumentos del salario mínimo por encima de la inflación, fortalecimiento de la atención primaria en el sistema público de salud, jornada escolar extendida y el fin de la jornada laboral 6x1, un proyecto que Lula impulsó en el Congreso y que forzó a Flávio a votar a favor para no perder votos.

Esa propuesta la llevó a Belo Horizonte para recuperar Minas Gerais, el segundo distrito del país y un termómetro de lo nacional. Con el 84% escrutado, ganaba allí por 50,3% a 49,7%.

Del otro lado, Flávio prometió un tijeretazo al Estado: reemplazo de empleados públicos por inteligencia artificial, congelamiento de salarios y pago por hora. Un espanto que sacó de sus casas a millones que en la primera vuelta no habían ido a votar.

Una jornada con final abierto y prórroga incluida

El domingo no fue un trámite. Cerca del cierre previsto para las 17, las dos campañas pidieron más tiempo. El PT denunció fallas del transporte público en nueve estados: en San Pablo circulaba solo el 60% de la flota ordenada por la Justicia, y en Salvador un juez electoral ordenó la detención del secretario municipal de Movilidad, Pablo Souza. El PL, en tanto, pidió la prórroga por las lluvias en 17 municipios de tres estados.

El presidente del TSE, Kassio Nunes Marques, pidió informes y recordó que en 2022 la Corte había rechazado una extensión. La decisión final quedó en manos del juez del Supremo Tribunal Federal Cristiano Zanin, exabogado de Lula y designado por él en 2023: votación hasta las 19 en todo el país, con el escrutinio ya iniciado.

Con el resultado puesto, el bolsonarismo convirtió el episodio en munición. Flávio se amparó en la prórroga para desconocer el resultado, una pirueta narrativa solo apta para fanáticos: el propio PL había pedido la prórroga, y una ventaja de 3,5 puntos vuelve difícil sostener que dos horas en mesas abiertas definieran la elección.

La apuesta fallida de Trump

El resultado también funciona como balance de la política exterior de Washington. Trump recibió a Flávio en el Salón Oval en mayo y celebró su primera vuelta, pero ese respaldo no alcanzó. O mejor dicho: jugó en contra. En 2025 la Casa Blanca castigó a Brasil con aranceles y sancionó al juez Alexandre de Moraes; este año sumó un arancel del 25%.

Lula lo convirtió en bandera: planteó la elección como una disputa entre un país autónomo y uno subordinado, y acusó a Trump de querer "colonizar" Brasil. Cada presión pensada para ayudar al pupilo alimentó el discurso soberanista de su rival.

Con Lula, Brasil no se sumará al Escudo de las Américas ni declarará terroristas a las facciones criminales, una medida que el petista rechaza porque abre la puerta a la injerencia extranjera. Es el primer freno al giro a la derecha regional, y llega cuando Trump encara las elecciones de medio término con la derrota de su aliado.

El triple juego de Milei

Como pupilo de Trump, Milei se jugó fuerte. En julio viajó a San Pablo al lanzamiento de la candidatura de Flávio, llamó "ladrón" a Lula y cuestionó el sistema electoral brasileño. La Cancillería de Brasil protestó por injerencia externa y convocó a su embajador.

Con el resultado adverso, el gobierno argentino se contorsionó en tres movimientos. El primero fue el silencio, en contraste con Rodrigo Paz Pereira, de Bolivia, y Santiago Peña, de Paraguay, presidentes de derecha que sí reconocieron el resultado en X: el boliviano habló de países vecinos y hermanos, y el paraguayo, de una agenda común de integración. Más efusiva, la mexicana Claudia Sheinbaum celebró la democracia brasileña.

El segundo movimiento activó el relato del fraude. La Derecha Diario, de la ultraderecha regional —fundado por el argentino Fernando Cerimedo y hoy parte de un grupo del español Javier Negre en el que el empresario José Luis Manzano acaba de comprar participación—, habló de un "fuerte fraude en el Nordeste" y de un Sur "inundado". La diputada Lilia Lemoine escribió en X que cuando un "zurdo" pide dos horas más para votar es porque no llegaba con el fraude. El influencer Gordo Dan, activista digital de Milei, difundió la captura de una consulta a una IA según la cual los únicos presidentes latinoamericanos que alargaron la votación fueron Lula y Nicolás Maduro. Ninguno aportó pruebas del supuesto fraude.

El tercer movimiento, menos perceptible, fue el festejo de reojo. Apenas se confirmó el resultado, el dirigente Alejandro Finocchiaro escribió que la Argentina "sigue siendo el faro de la libertad en el Cono Sur". El mensaje fue reposteado por Alejandro Álvarez, secretario de educación universitaria del Gobierno de Milei. No hay mal que por bien no venga, pensaron cerca de Milei: con la economía a la deriva, el gobierno podría obtener ayuda extra sin Bolsonaro como nueva estrella de la derecha regional.

El peronismo, de fiesta

Para el peronismo todo fue celebración. Kicillof sostuvo que ninguna injerencia extranjera ni campaña de odio derrota a un pueblo que defiende su soberanía, Cristina Kirchner habló de un "auténtico 17 de Octubre electoral" y Massa se ubicó "del lado Lula de la vida". Se entiende la emoción: la remontada de Lula ofrece un faro para la estrategia electoral que viene y, sobre todo, un colchón de gobernanza ante un eventual triunfo del campo popular.

Un triunfo sin cheque en blanco

La victoria no resuelve la gobernabilidad. El PL obtuvo 121 de las 513 bancas de Diputados y la coalición del PT quedó en 88, así que Lula deberá negociar cada votación con el Centrão. En el Senado, el PL tendrá 28 de 81 escaños desde febrero, más del triple que el partido del presidente. A eso se suma un Supremo Tribunal Federal que la oposición acusa de parcialidad, una sospecha que la prórroga de Zanin alimenta, y un país partido casi por la mitad.

Sin embargo, Lula, que sobrevivió a las cárceles de la dictadura, al lawfare y a una condena anulada por la Corte, volvió a hacer lo que nadie había hecho en Brasil: dar vuelta una segunda vuelta. Una agenda de cuidado, la movilización que llevó más gente a las urnas y la convicción inalterable de enaltecer la política como herramienta de transformación pudieron más que el respaldo de los tecnomagnates y la principal potencia militar del planeta.

Gobernar con medio país en contra será otra batalla. Nada nuevo para un luchador que ya se ganó un lugar en la historia universal.

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