Brasil despertó de derecha: el hijo de Bolsonaro quedó a un paso y ya controla el Congreso

El PT perdió casi un cuarto de siglo de poder y el Partido Liberal de Flávio Bolsonaro ya controla el Congreso. La promesa de campaña que puede desatar una crisis institucional.

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Brasil despertó de derecha: el hijo de Bolsonaro quedó a un paso y ya controla el Congreso
Brasil despertó de derecha: el hijo de Bolsonaro quedó a un paso y ya controla el Congreso

El Partido Liberal (PL) de Flávio Bolsonaro se consolidó como la fuerza más poderosa del Congreso brasileño y dejó atrás casi un cuarto de siglo de hegemonía del Partido de los Trabajadores (PT). La derrota del oficialismo en la primera vuelta del 4 de octubre reconfiguró el mapa político del país y abrió un frente de alta tensión con la Corte Suprema.

Durante gran parte del último cuarto de siglo, Brasil estuvo gobernado por el PT. Una alianza de sindicalistas, católicos progresistas y académicos construyó un extenso Estado de bienestar y le dio forma a una versión latinoamericana de la socialdemocracia. Ese ciclo, según el análisis, llegó a su fin con el contundente triunfo de Flávio Bolsonaro y su partido sobre Luiz Inácio Lula da Silva y su espacio político.

Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal, se impuso en la primera vuelta de las elecciones generales de Brasil.

Un resultado que roza el batacazo

Los mercados de apuestas le asignan a Flávio una alta probabilidad de imponerse en el balotaje del 25 de octubre. El dato llama la atención por el contexto familiar: es el hijo de una dinastía de derecha cuyo patriarca, el expresidente Jair Bolsonaro, cumple arresto domiciliario por un intento de golpe de Estado. El año pasado se le prohibió ocupar cargos públicos hasta 2060. Además, Flávio fue señalado por sus presuntas conexiones con el submundo criminal. Pese a todo, estuvo cerca de ganar en primera vuelta.

Aun si fracasara en el balotaje, la elección ya representa un triunfo para la derecha brasileña alineada con el MAGA, el último eslabón de una ola de éxitos de partidos de derecha en América Latina. El PL cuenta ahora con la bancada parlamentaria más poderosa desde la promulgación de la Constitución de 1988 y es el partido más grande en los tres estados clave —São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais—, que en conjunto generan más de la mitad del PIB brasileño.

El clan Bolsonaro, eufórico

La esposa de Jair, fervientemente evangélica, dos de sus otros hijos y su hermano obtuvieron bancas en el Congreso. A partir de febrero, cuando asuman los senadores electos, el PL y sus aliados controlarán el Senado y podrán reescribir leyes. Se espera que impulsen los negocios y debiliten las protecciones ambientales. Algunos observadores externos advertirán contra un mayor daño a la selva amazónica. Otros, incluido Estados Unidos, buscarán aprovechar el acceso a los enormes depósitos de minerales críticos de Brasil, recursos cuyo suministro mundial está controlado en gran medida por China.

Esa fortaleza legislativa le da al PL una oportunidad poco frecuente de corregir las ruinosas finanzas públicas brasileñas. Reescribir las leyes que imponen niveles altos y crecientes de gasto público reduciría el endeudamiento, bajaría las tasas de interés e impulsaría la inversión, lo que favorecería el crecimiento. Es el margen que tienen los Bolsonaro para construir un futuro económico promisorio.

Venganza y pulseada con la Corte

Sin embargo, eso implicaría renunciar al gasto de hoy, algo que los Bolsonaro tienen poco interés en hacer. El resultado más probable será una política más polarizada y una mayor presión sobre las vulnerables instituciones democráticas de Brasil. Los vencedores se regocijarán con enfrentamientos culturales al estilo MAGA. Dos congresistas de derecha, Nikolas Ferreira y Lucas Pavanato, obtuvieron más votos que cualquier candidato en la historia de Brasil; ambos son jóvenes influencers que odian la cultura woke tanto como aman las armas y a Dios.

Los Bolsonaro buscarán venganza. La principal promesa de campaña de Flávio fue liberar a su padre. Muchos candidatos al Senado prometieron destituir a los jueces de la Corte Suprema (algunos involucrados en escándalos de corrupción) que procesaron a Jair. “No queremos simplemente un juicio político”, dijo Bia Kicis, nueva senadora del PL, “queremos destitución, investigación y encarcelamiento”.

Para iniciar un juicio político contra un juez de la Corte Suprema se necesita mayoría en el Senado. Un choque entre ambas instituciones podría desencadenar una crisis constitucional. Los jueces que consideren que defienden la democracia usarán sus amplios poderes para permanecer en sus cargos. Un Congreso envalentonado atacará a la Corte. Quien sea presidente tendrá un rol decisivo, entre otras cosas porque en los próximos años probablemente tenga la chance de reemplazar a cuatro de los 11 jueces del máximo tribunal.

Cualquiera sea el desenlace de esa disputa, el resultado para Brasil probablemente sea un aumento de los agravios y una profundización del cinismo público. Los brasileños tienen buenas razones para rechazar al PT por sus políticas sin salida, su propia corrupción y la falta de un liderazgo renovado. Pero también tienen todos los motivos para temer hacia dónde conduce ahora ese rechazo.

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