Bordó una bandera con tres palabras prohibidas y eso selló su destino
Tenía 26 años, dos hijos y una bandera bordada con tres palabras prohibidas. Cuando la policía la encontró, supo que no le quedaba salida. Lo que hizo con los nombres que le pedían lo cambió todo.
Mariana Pineda tenía 26 años cuando la policía de Fernando VII encontró, escondido en el hueco de una hornilla, el paño de seda morada que la llevaría al patíbulo. Su historia, marcada por un amor breve y una fidelidad a prueba de todo, se convirtió en leyenda y décadas después Federico García Lorca la subió a los escenarios.
Mariana nació en Granada en 1804. Su padre murió cuando ella era muy chica y quedó al cuidado de familiares. Creció en un ambiente que le permitió aprender a leer y escribir, algo poco habitual entre las mujeres de su época.
Granada era entonces una ciudad de contrastes: religiosa y tradicional, pero atravesada por las ideas liberales que recorrían España tras la Constitución de Cádiz de 1812. El regreso de Fernando VII al trono reinstaló el absolutismo y desató la persecución política. En ese contexto apareció Manuel Peralta y Valte, un militar liberal de Huéscar, once años mayor que ella.
Se casaron el 9 de octubre de 1819 en la iglesia de Santa Ana. La partida matrimonial todavía existe: Mariana Rafaela Pineda y Manuel Peralta y Valte, dos nombres sobre un papel. Llegaron los hijos, primero José y después Úrsula. Pero la vida en común duró poco: Manuel estaba enfermo y murió el 12 de mayo de 1822, con poco más de veinte años. Ella quedó viuda a los 17, con dos hijos chicos.
Manuel no solo había sido su marido: fue quien la acercó al liberalismo. Y Mariana no abandonó esas ideas cuando él murió. Las hizo propias, justo cuando la persecución se recrudecía. En 1823, Fernando VII recuperó el poder absoluto y comenzó la llamada Década Ominosa. Granada se volvió escenario de conspiraciones.
La bandera que la condenó
Mariana visitaba presos, ayudaba a perseguidos, servía de enlace con liberales exiliados y ocultaba en su casa a comprometidos con la política. Incluso participó en planes para facilitar la fuga de un condenado a muerte.
Los liberales preparaban un levantamiento y Mariana encargó a unas mujeres del barrio del Albayzín que bordaran una enseña: un paño de seda morada con un triángulo verde y tres palabras en letras rojas alrededor: Libertad, Igualdad, Ley. Pero alguien habló. La policía llegó hasta las bordadoras y las obligó a llevar la bandera a la casa de Mariana. Después fueron a buscarla.
Mariana entendió lo que pasaba e intentó esconder el paño en el hueco de una hornilla. La policía lo encontró. Esa bandera incompleta se convirtió en la prueba que necesitaban para acusarla. Fue detenida a los 26 años. El encargado de perseguirla fue Ramón Pedrosa, uno de los principales representantes del poder absolutista en Granada.
Pedrosa quería que hablara. La confinaron en su propia casa bajo vigilancia, pero Mariana intentó escapar disfrazada de anciana. La reconocieron y la volvieron a detener. Terminó recluida en el convento de las Arrecogidas de Santa María Egipcíaca, donde empezó a comprender que aquella bandera podía llevarla al patíbulo.
El proceso fue cuestionado incluso después de su muerte. Mariana no era la cabeza de la conspiración: las autoridades buscaban que delatara a los involucrados. Querían nombres.
"Una muerte honrosa antes que delatar a una persona viva"
Le ofrecieron el indulto si delataba a sus compañeros. Se negó. Su abogado intentó defenderla y hubo quienes pidieron clemencia, pero Fernando VII aprobó la sentencia por conspiración contra la seguridad del Estado y los derechos del trono. La pena era el garrote vil.
El 24 de mayo de 1831 fue trasladada a la cárcel baja. Entró en capilla: le quedaban dos días de vida. Volvieron a ofrecerle salvarse. No aceptó. No entregó nombres. No señaló a nadie.
La mañana del 26 de mayo de 1831 salió vestida de negro, con las manos atadas, rumbo al Campo del Triunfo, donde estaba preparado el patíbulo. Granada la miraba pasar. La bandera por la que había sido condenada estaba allí, convertida en prueba de su supuesto delito. Ella siguió sin hablar.
Después de su muerte, Mariana Pineda se convirtió en leyenda. La mujer que castigaron para escarmentar a los liberales terminó siendo uno de los grandes símbolos de la libertad en España. Su historia fue contada en libros, poemas, obras de teatro y canciones. Federico García Lorca la convirtió en protagonista de una de sus obras más conocidas: Mariana Pineda.
La tradición histórica le atribuye una frase que resume su decisión: prefería una muerte honrosa antes que delatar a una persona viva. Manuel murió joven. Mariana murió todavía más joven. Pero la idea que nació entre ellos sobrevivió de una manera inesperada. Sobrevivió en una palabra. La libertad.
Amores Verdaderos es una serie de historias reales, contadas por sus protagonistas. Amores históricos cuenta romances reales de personajes que marcaron el devenir de nuestra historia.