Bolivia al borde del colapso: Paz decreta estado de excepción y moviliza a militares tras seis semanas de bloqueos
Rodrigo Paz moviliza a militares tras seis semanas de protestas. ¿Logrará desbloquear las rutas o el país se encamina a una crisis mayor?
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, sacudió al país este sábado al declarar el estado de excepción en todo el territorio y ordenar la salida de policías y militares a las calles. La medida busca desbloquear rutas que llevan más de un mes y medio paralizando la economía y la vida cotidiana.
“Los bolivianos no pueden seguir siendo rehenes de bloqueos que impiden trabajar, estudiar, recibir atención médica, abastecerse y llevar sustento a sus hogares”, afirmó Paz en un mensaje transmitido por el canal estatal desde el Palacio de Gobierno.
La decisión llegó después de que fracasara un acuerdo con la Central Obrera Boliviana (COB) que había sido sellado el viernes. Los indígenas de la Federación Túpac Katari y los cocaleros afines a Evo Morales decidieron mantener y endurecer las protestas, que ya suman medio centenar de bloqueos en todo el país.
¿Qué dice el decreto?
El documento, publicado en la Gaceta de Bolivia, tendrá una vigencia máxima de 90 días. Los ministerios de Gobierno y Defensa podrán restringir los derechos a la circulación, locomoción y reunión cuando lo consideren necesario. El Congreso deberá ratificar la medida en las próximas horas.
Paz instruyó a la Policía Boliviana y a las Fuerzas Armadas a “ejecutar las acciones necesarias para restablecer el libre tránsito, recuperar las carreteras y garantizar la seguridad de la población”.
Acusaciones cruzadas y un país paralizado
El gobierno de centroderecha, que asumió en noviembre tras dos décadas de poder de izquierda, acusa a Evo Morales de impulsar las manifestaciones y de financiarse con dinero del narcotráfico, aunque hasta ahora no presentó pruebas. Morales, oculto en la región cocalera de Chapare para evitar una orden de captura por un caso de trata de menor que él niega, rechazó cualquier vínculo con el narcotráfico.
Las protestas comenzaron a principios de mayo. Obreros, campesinos e indígenas lanzaron una huelga y cortes de rutas para exigir soluciones a la crisis económica más grave en 40 años y rechazar la venta de gasolina de mala calidad. Con el correr de los días, la falta de acuerdos llevó a que todos los sectores exigieran la renuncia presidencial. En La Paz y El Alto, la situación se volvió crítica: enfrentamientos con la policía y una fuerte escasez de alimentos, medicinas y combustibles.
El acuerdo con la COB y el rechazo de los cocaleros
El viernes, Paz había logrado un acuerdo con la poderosa COB. Mario Argollo, líder sindical, anunció: “Desde este momento se están levantando las medidas de presión a nivel nacional”. Paz celebró: “El diálogo es más fuerte que la propia fuerza, no sobreviven los más fuertes, sobreviven los que se saben adaptar”.
Sin embargo, los sindicatos de campesinos y cocaleros rechazaron el pacto. “Se ha determinado radicalizar las piquetes de huelgas de carreteras”, advirtió el dirigente campesino Antonio Mallku. En un comunicado, calificaron como “una traición la firma del convenio”.
Más de un centenar de detenidos y promesas de no privatizar
El Gobierno abrió la semana pasada un diálogo con Argollo y se formaron mesas de trabajo. Los acuerdos incluyen estudiar la liberación de los detenidos en marchas y bloqueos, que según la Defensoría del Pueblo ya superan el centenar. Además, la administración de Paz se comprometió a no privatizar empresas estatales, como reclamaban los sindicatos.
Mientras tanto, la tensión sigue en aumento y Bolivia permanece en vilo, con las calles militarizadas y la incertidumbre sobre el futuro político del país.