Berta Temporelli abre su valija: la historia de una piba peronista que vuelve a Tablada
Berta Temporelli vuelve a abrir la valija de su memoria: en su nuevo libro retrata a las mujeres de Tablada y la militancia de los años 60, pero hay un tramo que le deja un sabor amargo y que la autora no esconde. ¿Qué encontró en su querido barrio?
La escritora rosarina Berta Temporelli vuelve a escena con su segundo libro, La valija. Relatos de una piba peronista, editado en 2025 y que se presentará este lunes 14 de septiembre a las 18 en el centro cultural Casa Marechal (Salta 1356). La actividad contará con la participación de Silvia Bianchi y Norma López.
El texto retoma el camino de memorias iniciado en Una piba peronista, su primer trabajo, y se mete de lleno en las vivencias de infancia y juventud de la autora durante la década de 1960 en el barrio Tablada, en Rosario. Allí aparecen las compañeras, las familias, la militancia obrera y una pregunta que atraviesa todo el relato: cómo cambiaron las cosas en los barrios de la ciudad.
Una trama de flores
Temporelli elige contar las vidas de las mujeres que conoció en su barrio a partir de las ipomeas, esas flores que crecen en las vías del tren, en lugares donde nadie se detiene a mirar. Esa belleza es la que se cuela en las historias de gente común, de trabajo y de esperanza.
“Lidia, con quince años había ido a trabajar al Swift. Aunque había que ser mayor de dieciocho años para ingresar a cualquier fábrica, en esos años era común que se adulterara la partida de nacimiento, un papel, ya que las mujeres no tenían documento”, narra Berta en el libro.
Lorenza, en cambio, parece ser el personaje central. “Lorenza, una adolescente, había asistido con su familia a un casamiento en una chacra de un santiagueño amigo de la familia. Allí conoció a ese joven apuesto, mayor que ella, con el que bailó ante la atenta mirada de sus padres”, escribe la autora sobre una joven cuya vida no fue sencilla.
Flores de hace no tanto
La segunda parte del libro avanza en el tiempo y llega a los años 90 y los primeros años del nuevo siglo. Allí, algunas cosas se mantenían igual de difíciles para los hombres y mujeres de la clase trabajadora, mientras que otras parecían haber cambiado.
“Qué había pasado en mi querida Tablada me pregunté mientras me alejaba recordando aquellos hombres y mujeres de la Resistencia Peronista de los tiempos de la tiza y el carbón, personas humildes con valores, que fueron mi ejemplo cuando comencé mi militancia”, rememora Berta en sus páginas.
Los desencuentros familiares, los que se fueron, los distintos rumbos que tomaron parientes, vecinos y amigos, y la aparición de la individualidad marcada por la venta y el uso de drogas le dejan a esta memoria un sabor amargo.
Un cierre con esperanza
La tercera parte es un homenaje al 17 de octubre de 1945 y a la militancia que Temporelli vivió en su juventud, esa que la hace identificarse como “sesentista”. El texto arranca con los dolores de parto de una madre y el nacimiento de una niña. Después, el padre contando en la mesa lo que pasaba en la política, cómo se gestaba el peronismo. Los recuerdos, los personajes del barrio y de la ciudad, los dirigentes y los militantes.
En ese cierre, Berta narra también cómo se fue formando ella misma, como niña y como piba peronista. Y deja abierto un escenario donde la militancia de jóvenes como ella sigue siendo posible.