Barriletes volvieron a volar en Malargüe y revivieron una tradición que parecía perdida
No fue solo un juego: en Malargüe, los barriletes volvieron a surcar el cielo y despertaron algo que parecía dormido en los adultos. Hay un detalle de la jornada que emocionó a más de uno.
El cielo de Malargüe volvió a teñirse de colores con el regreso de los barriletes, una tradición que parecía haber quedado en el pasado. La actividad, que reunió a familias, niños y turistas, se convirtió en un reencuentro con la infancia y con juegos que marcaron a varias generaciones.
Remontar un barrilete parece simple, pero detrás de cada hilo tensado por el viento se esconden recuerdos, aprendizajes y escenas de una época en la que los espacios abiertos eran el escenario perfecto para jugar e imaginar. Los volantines, como también se los conoce, son parte de esas costumbres que sobreviven al paso del tiempo y que invitan a mirar hacia arriba.
Concurso del Aeroclub Malargüe
Esa postal poco frecuente tuvo su propio escenario en el óvalo del Centro Polideportivo Malal Hue, donde se realizó “Aerobarriletes que tocan el cielo”, un concurso organizado por el Aeroclub Malargüe y abierto a todo el público. La convocatoria superó las expectativas y logró reunir a vecinos, aficionados y visitantes que se animaron a vivir un domingo diferente.
Pedro Martínez, vicepresidente del Aeroclub Malargüe, contó a Sitio Andino que la propuesta fue disfrutada tanto por los más chicos como por los adultos, y destacó que estas iniciativas forman parte de la apertura de la institución hacia la comunidad. En la misma línea, Osvaldo Lara, integrante de la Comisión Directiva, resaltó el impacto del encuentro, que convocó a familias malargüinas y también a turistas.
La jornada permitió recuperar recuerdos de quienes hoy son padres o abuelos y que alguna vez tuvieron al barrilete entre sus juguetes favoritos. Así, el juego volvió a ocupar un espacio compartido entre distintas generaciones, demostrando que algunas costumbres no mueren, solo esperan el momento para volver.
Entre papel, colores y viento, el barrilete transforma el cielo en un enorme lienzo. Su vuelo evoca libertad, imaginación y nostalgia, pero también rescata el valor de jugar al aire libre y compartir sin necesidad de tecnología.
Historia de un juego milenario
Con más de 2.000 años de historia, los barriletes nacieron en China, donde se construían con bambú y seda. Con el tiempo, atravesaron culturas y fronteras, y fueron utilizados como juguetes, herramientas militares e incluso en experimentos científicos.
En Argentina, el barrilete o volantín quedó asociado especialmente a la infancia. Hoy, iniciativas como la de Malargüe permiten recuperar esa tradición y demostrar que algunos juegos de otras épocas todavía pueden unir a grandes y chicos alrededor de una experiencia tan simple como eterna.