Bariloche tiene un finalista nacional en cohetería: el sueño que lo llevaría a la NASA
1.800 alumnos de 297 colegios arrancaron la competencia. Solo 15 llegaron a la final y entre ellos hay un barilochense de 18 años que se preparó solo, con un libro prestado y videos. La definición es en octubre y hay una beca en juego que podría cambiarle el futuro.
Pedro Marino Ungar tiene 18 años, cursa el último año del secundario en la escuela técnica Los Andes de Bariloche y acaba de meterse entre los 15 finalistas nacionales del Desafío Aeroespacial, en la edición 11 de la Competencia Argentina de Tecnología que organiza el ITBA.
La competencia arrancó con 1.800 inscriptos de 297 colegios de todo el país. Todos peleaban por un lugar en la final y por las becas que reparte el Instituto Tecnológico de Buenos Aires: 100%, 75% y 50% para los tres primeros puestos de una carrera de grado.
El barilochense pasó los dos exámenes virtuales. El primero, a fines de junio, con física, matemáticas, biología y energías renovables. El segundo, más específico y metido de lleno en lo aeroespacial. Se preparó solo, en los huecos que le deja una rutina de nueve horas diarias en la escuela, y con un único préstamo: un libro de un profesor, Roberto Negris, de quien dice que "quiere mucho y sabe un montón de física".
El grito que se escuchó en la escuela
Se enteró de que había quedado entre los 15 cuando estaba en el colegio. No pudo evitar gritar y correr de la emoción. Sus padres, orgullosos, se encargaron de repartir la noticia por toda la familia.
"Siempre me interesó la tecnología, pero el año pasado me atrajo la cohetería. Fue algo espontáneo, no sé cómo nació. Empecé a mirar todo tipo de videos y me saltó la competencia de tecnología con la temática de lo aeroespacial que me emocionó", contó Pedro.
La definición será el 30 y 31 de octubre en la sede porteña de la universidad. No hay temario: los organizadores dividirán a los finalistas en grupos, les darán una problemática y evaluarán cómo exponen ideas y cómo trabajan en equipo. Pedro ya arrancó a estudiar por su cuenta, a fuerza de videos y temas que investiga por curiosidad.
Una apuesta con los pies en la tierra
El sueño grande es trabajar en la NASA, aunque él mismo lo pone en modo condicional. "Si de soñar se trata, sueño con trabajar en la NASA, algún día", confió.
Antes de eso hay una decisión más terrenal. El proceso de admisión en el ITBA cuesta 2 millones de pesos y la cuota mensual llega a 1,9 millón. Por eso apunta a la beca del 75%: "al segundo puesto, mínimo", dice, pensando en que el año próximo habrá que bancar un alquiler en Buenos Aires y en darle una mano a sus padres.
La carrera que más lo atrae es Ingeniería Electrónica, aunque no descarta la aeroespacial que sumó el ITBA. "No sé bien a qué me quiero dedicar. Me gustaría algo relacionado a los cohetes, quizás a la estructura o a la parte electrónica. La ingeniería electrónica te da una base enorme", explicó.
De su escuela destaca la formación técnica y el vínculo con los profesores. "Me dio las bases técnicas y me enseñó a relacionarme con los demás. Al ser cooperativa, busca mejoras del grupo", dijo. Fuera del aula va al gimnasio con amigos, practicó natación y handball, se interesó por el rugby y empezó a tocar la guitarra.
Qué evalúa la competencia
Desde el comité organizador definen la OATec como una iniciativa del ITBA para despertar vocaciones científico-tecnológicas en los jóvenes, con foco en el método científico, la abstracción y el pensamiento crítico. En la final se mira el conocimiento general sobre la temática, la capacidad de planificar y resolver problemas, la habilidad manual, la economía de esfuerzo y la exposición.
"Cada edición de la OATec confirma el enorme potencial técnico de los jóvenes de todo el país. Nuestro compromiso es seguir generando espacios de excelencia para que pongan a prueba su talento y vocación", destacó Marcelo Perotti, presidente de la competencia.
Además de las becas, los colegios que llegan a la instancia final reciben trofeo, diploma y kits de equipamiento de laboratorio.