Bariloche se llena de cerámica: la feria que reivindica lo hecho en casa y tiene fecha límite
Más de 20 ceramistas de Bariloche exponen piezas únicas en el Centro Cívico y hay fecha límite para verlas. Lo que hay adentro de la Sala Frey no se consigue en ningún otro lado de la ciudad.
La Sala Frey, en pleno Centro Cívico de Bariloche, se convirtió en el epicentro de una movida que crece año tras año. Más de 20 ceramistas nucleadas en el colectivo Wizün —palabra mapuche que significa "alfarero"— exponen allí sus piezas únicas hasta el próximo lunes, con entrada libre y en el marco de una nueva edición de la muestra de cerámica artesanal.
A pocos metros del espacio cultural, la ciudad se prepara para otro movimiento fuerte: desde este viernes, la feria de Bariloche a la Carta concentrará a 200 productores. Dos mundos que, en esta época del año, ponen el foco en lo que se produce puertas adentro.
Vajilla con identidad propia
La edición número 11 de la muestra tiene un eje claro: los objetos utilitarios vinculados a la gastronomía. Bandejas, platos, fuentes y ollas de barro para cocinar a fuego directo forman parte de la oferta. Cada pieza lleva el sello de quien la hizo, y esa diversidad es, justamente, la bandera del colectivo. "La diversidad nos representa", resumieron las ceramistas.
El grupo se conformó en 2024, después de una primera muestra en el Salón Cultural de Usos Múltiples (Scum), organizada por la Secretaría de Trabajo, Producción y Empleo de Bariloche. Desde entonces, no paró de sumar manos.
"El colectivo fue creciendo y cada vez más ceramistas empezaron a participar de la exposición. Cada quien participa vendiendo su propia producción, entonces el estilo de cerámica es muy diverso. Hay mucha variedad", contó Susana Ruberti, una de las integrantes.
Consumo local, objeto único
Consultada sobre por qué elegir la cerámica artesanal, Susana fue directa: "Está bueno plantearse como consumidores si queremos comprar el producto de nuestra comunidad. Consumo local, producción local. Seguramente consigas algo chino más barato, pero apelamos a la originalidad, al objeto único y a un producto de Bariloche hecho por barilochenses".
Entre las propuestas hay de todo: quienes trabajan a baja temperatura y quienes apuestan al gres de alta temperatura, una pasta cerámica que se cuece entre los 1200 y 1260 grados y logra una pieza totalmente vitrificada, impermeable y de gran resistencia.
De la pandemia al taller propio
La historia de Susana con la cerámica arrancó muy joven en Bariloche, de la mano de las profesoras Leila Martínez y Ruth Viegener, una escultora. "Con ellas dí mis primeros pasos. Me fui de Bariloche y al regresar, volví a amigarme con la cerámica en un taller de alfarería y esmaltes de alta temperatura", relató.
Durante la pandemia surgió la chance de emprender junto a su hija, que acababa de volver a la ciudad tras estudiar Artes Visuales en la Universidad Nacional de La Plata. Así nació Casa Grande Taller. "Nos lanzamos a encarar una pequeña producción", dice Susana.
Sobre el oficio, no duda: "Es un ejercicio de paciencia infinita. Para las personas ansiosas, como yo —rió—, es un proceso lento que exige esperar: esperar que la pieza se seque, esperar para hornearla, luego esmaltarla y otra vez al horno. Me encanta".
Investigación y materia prima local
A unos metros, Paula Seroni también se inició de chica en la cerámica a través de un taller. Al terminar el secundario estudió la tecnicatura y el profesorado en una Escuela de Cerámica de Avellaneda. Volvió a Bariloche en pandemia y montó su propio taller, Ekis, donde dicta clases y desarrolla su producción.
"Trabajo la alfarería en alta temperatura gres y yo misma fabrico las pastas y los esmaltes que uso. Entonces, siempre está todo muy atravesado por la investigación y la experimentación", definió Paula. Además, intenta incorporar arcillas, arenas y elementos que aporten más impronta local. "Siempre estoy en una búsqueda hacia nuevas cosas que se pueden ir haciendo", dijo.
Coincidió con Susana en que el trabajo cerámico "requiere mucha paciencia, pero sobre todo creatividad. Es imaginar algo y poder llevarlo a una realidad tangible. Es algo súper lindo y muy satisfactorio ese proceso".
Reconoció que al principio resultó algo frustrante, pero de a poco "uno se va amigando con el proceso que tiene muchos momentos lindos". En ese sentido, Susana sumó: "Es muy lindo el abrir el horno y ver qué salió. ¿Cómo salió el esmalte?, ¿salió bien?, ¿salió lo que esperabas o salió distinto? Siempre tiene muchas sorpresas".
