Bajó del colectivo y un cazatalentos le frenó el paso: la historia del ídolo que se presentará en La Plata
¿Qué le dijo ese desconocido en la vereda para que un estudiante que soñaba con actuar terminara siendo una de las voces más famosas del planeta? La historia de Jin, el mayor de BTS, antes de los estadios llenos.
Kim Seok-jin, más conocido como Jin, es el mayor de los integrantes de BTS, la banda surcoreana que se convirtió en un fenómeno cultural y económico, y que esta semana llega al Estadio Único de La Plata. Detrás de esa fama hay una historia que arranca en un barrio tranquilo al sur de Seúl, con un adolescente que soñaba con actuar y terminó convertido en una de las voces más reconocidas del pop mundial.
Una infancia entre amigos, frutillas y melones
En Gwacheon, una ciudad apacible al sur de la capital surcoreana, era casi imposible caminar diez minutos sin cruzarse con alguien conocido. En ese entorno, donde los chicos eran amigos entre sí y los padres también, se crió Kim Seok-jin, nacido el 4 de diciembre de 1992 en la vecina Anyang.
Era el menor de dos hermanos, en una familia con buena posición económica y una forma peculiar de criar: probar de todo para descubrir para qué servía cada cosa. Así fue como pasó un mes en el campo, donde su abuelo, su abuela y su tío eran agricultores, cultivando frutillas y melones. “Podé tanto que después no quise comer melones durante mucho tiempo”, contaría después, entre risas.
El drama que le cambió el rumbo
Esa curiosidad marcó su camino. En la secundaria imaginaba un futuro como periodista, hasta que la serie histórica Queen Seondeok lo convenció de que lo suyo era la actuación. En 2011 ingresó a Cine y Artes Escénicas en la Universidad Konkuk.
Estaba en su primer año cuando le ofrecieron algo que jamás había considerado: convertirse en ídolo pop. Aceptó por la misma razón que lo había llevado al campo: “Me gusta probar cosas diferentes”. Imaginó que podría cantar y actuar al mismo tiempo, aunque él mismo admite que “la realidad tenía otros planes”.
La vereda, el colectivo y una propuesta que sonaba a engaño
Corría la primavera de 2011 cuando Jin, que cursaba el primer año de la facultad, bajó del colectivo y un empleado del equipo de casting de Big Hit Entertainment lo detuvo en la vereda. Tenía 18 años y, según lo que él mismo relató, el hombre le dijo que nunca había visto una cara como la suya y lo invitó a presentarse a una audición. Claro que, para quienes conocen el costado bromista del ídolo, ese comentario puede ser tan real como un chiste más.
Lo más llamativo fue su primera reacción: “Pensé que se trataba de una estafa”, recuerda. No era una sospecha descabellada, ya que en la industria del entretenimiento abundan las agencias falsas que juegan con el sueño de miles de jóvenes. Como él soñaba con actuar, para convencerlo le prometieron que con el tiempo también podría hacerlo. Sin embargo, según relata en Beyond the Story, el libro aniversario de la banda, las cosas no salieron del todo así: “Me engañaron”, dice riéndose. “Fueron muy persuasivos”.
Detrás de esa incorporación estaba Big Hit, la agencia surcoreana que buscaba armar su próximo grupo y, de paso, salvar a la empresa de la bancarrota. Ellos vieron en ese estudiante de teatro una pieza que faltaba: Jin firmó como aprendiz sin saber cantar ni bailar, y dedicó sus primeros años a la tarea de aprender.
De aprendiz a una banda de alto rendimiento
Como suele ocurrir en la formación de bandas coreanas, el grupo inicial de futuros artistas es mucho más grande, y a medida que avanzan los entrenamientos la agencia va definiendo quiénes quedan. En ese contexto, el primer año de Jin, en el que iba y venía de su casa para las clases, significó un cambio de rutina importante: disfrutaba, se esforzaba, pero no dejaba la vida en las prácticas de baile.
Recién en el verano de 2012 se mudó al dormitorio que compartía con el resto de los miembros y entendió que el debut estaba más cerca de lo que esperaba. Convivir con otros seis chicos en un cuarto de aprendices estaba muy lejos de la casa familiar: ropa tirada por todas partes, comida en el piso y platos sin lavar.
Para él, cocinar y limpiar eran una forma de sostener algo de normalidad en medio de esa nueva vida, así que organizó turnos de limpieza y empezó a preparar la comida para todos. A los tres meses comprendió por qué los demás vivían así: en los días de ensayo intenso trabajaban catorce de las veinticuatro horas.
Durante todo el aprendizaje, el baile fue la parte más difícil. La empresa había decidido que BTS fuera un grupo de “alto rendimiento” y, en los dos meses previos al debut, hubo jornadas de doce horas de coreografía. Jin recuerda que Bang Si-hyuk revisaba los videos de los ensayos cuadro por cuadro, pausando para corregir el ángulo de cada cuerpo y hasta la posición de los dedos.
BTS debutó el 13 de junio de 2013 con “No More Dream”, y esa primera presentación televisiva no fue una buena experiencia para Jin, que terminó llorando: en una parte de la coreografía tenía que saltar y, por el peso de los equipos de sonido enganchados a la cintura, el pantalón se le iba bajando. La presión no estaba solo sobre el escenario, sino también en los camarines, donde todavía no conocían a nadie y la tensión se hacía sentir.
La crisis de 2018 y la posibilidad de una separación
El camino no fue sencillo, y en Beyond the Story Jin lo cuenta sin vueltas: lo que a algunos de sus compañeros les salía al instante, a él le exigía varias repeticiones, y eso lo desanimaba. No soportaba la idea de convertirse en el “eslabón débil” del grupo, así que se impuso una rutina más exigente que la del resto. Según contó a Rolling Stone, llegaba una hora antes a los ensayos o se quedaba una hora después para repasar los pasos y no frenar al grupo.
Con esa misma convicción fue resolviendo cada desafío. En “I Need U” (2015) dejó de forzar la voz y, por primera vez, aprendió a respirar mientras cantaba. “Burning Up (Fire)” le dio un personaje: los besos al aire que hacía en la coreografía empezó a repetirlos al encontrarse con ARMY, el “ejército” de fans de BTS, y la respuesta fue tan buena que le devolvió la confianza que le faltaba.
La composición fue otro terreno difícil. Mientras veía a sus compañeros escribir letras y melodías, él atravesaba un bajón anímico, hasta que una tarde, sobre una base que le habían pasado, tarareó una melodía que lo convenció. Así nació “Awake”. Cuando la cantó en vivo por primera vez, en la gira de 2017, entendió lo que sentía el resto al interpretar algo creado por ellos.
Sin embargo, el momento más duro estaba por llegar. En diciembre de 2018, el año en que BTS se convirtió en un fenómeno global, el grupo recibió el premio a Artista del Año en los MAMA, en Hong Kong. Con la voz quebrada, Jin reveló en su discurso que a principios de ese año la habían pasado tan mal que incluso habían hablado de separarse.
En el libro cuenta que, durante la promoción de “Fake Love”, casi no tenían días libres y llegó a preguntarse si era correcto que una persona viviera tan agotada. Si alguno se iba, tenía decidido dejar el mundo del espectáculo. Pero lo que más lo angustiaba eran los fans: sentía culpa por no poder agradecerles de corazón y llegó a dudar de si su propia sonrisa era real.
Se quedaron, y él lo explica en una frase: “BTS soy yo, y yo soy BTS”. Dos años después, en plena pandemia, “Dynamite” llegó al número uno del Billboard Hot 100. Era la coronación de siete años de esfuerzo y, sin embargo, para Jin fue el logro que menos real se sintió: estaban tan aislados del mundo que llegó a preguntarse si estaba bien recibirlo.
Su vínculo con la Argentina y la previa en La Plata
Durante la maratón de recitales que Coldplay organizó en Buenos Aires a finales de 2022, Chris Martin contó que Jin lo había llamado para contarle que tenía que hacer el servicio militar obligatorio y que le gustaría hacer una canción de despedida para ARMY. Ese 28 de octubre estrenó “The Astronaut” y las fanáticas argentinas vivieron algo único: el ídolo apareció en el escenario para cantarla por primera vez en vivo, en la que también fue su última presentación antes del servicio militar.
Cuatro años después de ese evento, BTS llegó a Argentina como parte del tour Arirang. Comparado muchas veces con lo que fue The Eras Tour de Taylor Swift, el ciclo contempla más de 80 shows alrededor del mundo y, en nuestro país, tendrá funciones este 21, 23 y 24 de octubre en el Estadio Único de La Plata.