Apareció sin vida en una habitación: el crimen del cura más querido de Salta que aún conmociona

El crimen del padre Ernesto Martearena, el cura que cambió la vida de miles en los barrios del sur de Salta, vuelve a la memoria a 25 años de aquella madrugada. La historia del sacerdote que terminó asesinado por dos jóvenes a los que él mismo había ayudado: un caso que todavía duele en la provincia.

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Apareció sin vida en una habitación: el crimen del cura más querido de Salta que aún conmociona
Apareció sin vida en una habitación: el crimen del cura más querido de Salta que aún conmociona

El 8 de octubre de 2001, la ciudad de Salta se despertó con una noticia que todavía hoy cuesta procesar: el padre Ernesto Martearena había sido asesinado en la parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Villa Asunción. Veinticinco años después, su figura sigue siendo un faro para los barrios del sur.

Martearena no era un cura de escritorio. Su labor social lo convirtió en un pilar para miles de familias salteñas. Había fundado ocho comedores comunitarios, un centro de asistencia para niños con VIH, una granja de recuperación de adictos, hogares y programas que alcanzaban a más de 2.000 personas de escasos recursos.

En la parroquia de Villa Asunción se ganó un lugar indiscutido: vecinos y organizaciones lo consultaban por temas de niñez y adolescencia. Su compromiso lo llevó a ser una referencia incluso fuera del ámbito religioso, según recuerda Con Criterio Salta.

Un crimen que estremeció a la provincia

El sacerdote fue atacado en la madrugada del 8 de octubre. Recibió 18 puñaladas y luego su cuerpo fue trasladado a una habitación, donde los atacantes rociaron combustible y lo incineraron. La brutalidad del hecho marcó a fuego a la comunidad salteña.

La investigación judicial terminó con dos condenados: Javier Alfredo Alanís Colausti y Marcelo Castillo, que al momento del crimen tenían 21 y 19 años. Ambos habían sido asistidos y aconsejados por el propio Martearena en el marco de su tarea solidaria, un dato que agregó dolor y desconcierto al caso.

El legado que sigue vivo

El 12 de mayo de 2011, cuando se cumplían diez años del asesinato, el Vaticano incorporó a Martearena a la lista de mártires del siglo XX. En la zona sur de la ciudad, el estadio Padre Martearena lleva su nombre como homenaje permanente.

Hoy, a un cuarto de siglo de su muerte, su obra en los comedores, los hogares y los programas de contención sigue siendo recordada por los vecinos que lo vieron trabajar codo a codo con la comunidad.

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