Alerta por el Paraná: el dique del río Negro y una duda que nadie responde

Caudales que ya rondan los 24.500 metros cúbicos por segundo y una advertencia que nadie responde: el geólogo Ramón Vargas puso el foco en el dique del río Negro y en lo que podría pasar en siete días.

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Alerta por el Paraná: el dique del río Negro y una duda que nadie responde
Alerta por el Paraná: el dique del río Negro y una duda que nadie responde

El geólogo Ramón Vargas, integrante de la Fundación Encuentro por la Vida, encendió una luz de alarma sobre la creciente del río Paraná y sus posibles efectos en Resistencia y las zonas bajas del área metropolitana. En diálogo con LA VOZ DEL CHACO, advirtió que el aumento de los caudales de las cuencas del Iguazú y del Paraguay podría llevar al río a niveles cercanos a los seis metros y forzar la activación del sistema de bombeo y el cierre de compuertas del río Negro.

«Esto es un llamado de atención que tenemos que hacernos», disparó Vargas al inicio de la entrevista. Su planteo no se limita a la crecida: también apunta a la falta de información oficial que, según sostiene, reciben los vecinos de las zonas que podrían inundarse.

Caudales que no dan tregua

El especialista detalló que el caudal del Iguazú habría pasado de unos 8.000 a entre 11.000 y casi 12.000 metros cúbicos por segundo. A ese aporte se suman los volúmenes que circulan por el Paraná y las lluvias registradas en la cuenca del Paraguay.

Según sus registros, el caudal evacuado por el sistema fluvial rondaría los 24.500 metros cúbicos por segundo, aunque aclaró que el volumen total debe analizarse junto con los aportes de otros cursos de agua. «Estamos al borde de tocar los 30 mil metros cúbicos por segundo, que ya es mucho», afirmó.

Vargas estimó que, en determinadas condiciones, un caudal de entre 25.000 y 27.000 metros cúbicos por segundo podría asociarse con una altura cercana a los 6 metros en Resistencia y Barranqueras. También advirtió que el viento puede influir en la altura observada del río y que, según su evaluación, el margen para adoptar medidas preventivas sería de aproximadamente siete días.

No obstante, remarcó que esos plazos y proyecciones deben contrastarse con los registros actualizados de los organismos oficiales. «Una cosa es pronosticar que va a haber lluvias y después no se dan, y otra cosa es decir que el agua está en los cauces. Está medida», explicó, al defender que las alertas se basen en mediciones hidrológicas y no solo en pronósticos meteorológicos.

Bombas, compuertas y un reloj que corre

Otro de los ejes de la entrevista fue el funcionamiento del sistema de protección contra las crecidas en el río Negro. Vargas sostuvo que, si se concreta el escenario que plantea, en aproximadamente siete u ocho días podrían comenzar las pruebas de las bombas y el cierre de compuertas para impedir el ingreso del Paraná por ese curso. «Dentro de siete u ocho días estamos probando las bombas y cerrando las puertas para que no entre el Paraná por el río Negro», señaló.

El cierre de compuertas, explicó, modificaría el funcionamiento del sistema: el escurrimiento dejaría de producirse libremente y sería necesario recurrir al bombeo para evacuar el agua acumulada en el interior del río Negro. Por eso reclamó que las autoridades informen con claridad cuándo se implementarían esas medidas y cuáles son los procedimientos previstos.

La fecha efectiva de cierre, el inicio de las operaciones de bombeo y los niveles que activarían esos procedimientos deben ser confirmados por los organismos responsables del sistema de defensas.

Yacyretá: «no retiene nada»

Vargas también se refirió al papel de la represa de Yacyretá en el tránsito de los caudales del Paraná. Explicó que, a diferencia de otros embalses que pueden almacenar agua, Yacyretá funciona en estas condiciones como un sistema de paso con capacidad limitada para regular una creciente de gran magnitud. «Yacyretá no retiene nada. Es un dique de paso», afirmó.

Y agregó: «No es que se contiene en Yacyretá, se acelera en Yacyretá», en referencia a la velocidad con la que el caudal puede trasladarse hacia los tramos inferiores del río cuando el embalse no tiene capacidad suficiente para amortiguar el volumen que recibe.

Para el geólogo, esto obliga a mirar los caudales que avanzan aguas abajo y su posible incidencia sobre las localidades ribereñas. Su planteo apunta a que las autoridades no se concentren solo en la altura del río registrada en un punto, sino que analicen el volumen de agua que circula, su evolución y los aportes de las distintas cuencas.

El reclamo: información urgente para la gente

Uno de los principales cuestionamientos de Vargas estuvo dirigido a la comunicación oficial sobre la creciente. Consideró que la población necesita conocer con anticipación los posibles escenarios para tomar decisiones sin esperar a que el agua llegue a las viviendas o a los caminos. «Los datos hay que dárselos a la gente lo antes posible», afirmó.

Según relató, mantuvo conversaciones con productores de sectores bajos de la zona del Tacuarí, quienes le manifestaron que estaban esperando indicaciones de las autoridades para saber cómo proceder. Para Vargas, esa dependencia de los avisos oficiales puede convertirse en un problema si las advertencias no llegan a tiempo.

También mencionó a habitantes de sectores ribereños y a personas que, según describió, recién comenzaban a construir refugios o viviendas precarias en terrenos más elevados. «Salir con las cosas bajo el agua es distinto a salir en seco», advirtió.

Por eso consideró necesario que las familias en zonas expuestas reciban información temprana y puedan organizar una eventual evacuación con tiempo. A su entender, anticiparse reduce riesgos y evita traslados en condiciones de emergencia. La prevención, insistió, debe contemplar tanto a las familias como a los productores con animales en campos bajos, como los bajos del Tacuarí y otras áreas que, según su relato, ya comenzaban a acumular agua.

«No tengo la certeza de que el dique esté en condiciones»

La parte más delicada de la entrevista llegó con el estado de la obra de control del río Negro. Vargas manifestó que, según los antecedentes que conoce, existirían interrogantes pendientes sobre una presunta pérdida de aproximadamente 25.000 metros cúbicos de suelo por debajo de la estructura.

Aseguró que la Fundación Encuentro por la Vida obtuvo información sobre el tema mediante una acción legal y cuestionó que luego no se les comunicara con claridad el resultado de las intervenciones. «Yo tengo una duda, que es que nunca el APA nos ha contestado el estado de situación de la obra de control», sostuvo, en referencia a la Administración Provincial del Agua.

Según relató, después de los trabajos en el canal de salida del dique, la organización no habría recibido información suficiente para determinar si el problema quedó solucionado y en qué condiciones está la estructura. Esa falta de respuestas, dijo, le impide tener certeza sobre el comportamiento del dique ante una creciente mayor. «Yo no tengo la seguridad de que ese dique esté en condiciones de aceptar una creciente mayor a los seis o siete metros», expresó.

La afirmación constituye una advertencia del especialista y no una constatación independiente de que la estructura esté al borde del colapso. Para establecer su estado real se requieren informes técnicos actualizados, inspecciones de la obra y evaluaciones de los organismos competentes en seguridad de presas y defensas hidráulicas.

Hundimientos y la sombra de la tubificación

Vargas describió lo que consideró señales preocupantes en los terraplenes a ambos lados de las alas del canal de salida del dique. Según su testimonio, en esos sectores se habrían producido hundimientos de dimensiones importantes, con pozos que fueron rellenados en varias oportunidades, incluso con hormigón, pero que después volvieron a abrirse.

Para el geólogo, la reiteración de esos hundimientos podría ser compatible con un proceso de circulación de agua por debajo de la estructura, conocido como tubificación. Este fenómeno puede arrastrar partículas del suelo y generar cavidades que, si progresan, comprometen la estabilidad de una obra hidráulica.

«Eso, para los geólogos y para cualquier persona que está trabajando en seguridad de presas, está indicando que hay una tubificación, unos tubos, unas corrientes de agua por debajo del dique», afirmó. Y remató: «Mientras no lo aclaren, a nosotros nos quedan dudas».

La posible existencia de filtraciones, la magnitud de la pérdida de suelo y el estado de los sectores reparados son cuestiones que requieren verificación técnica. Por su importancia para la seguridad pública, resultaría relevante contar con los antecedentes de las intervenciones, los estudios de estabilidad, las inspecciones recientes y las conclusiones oficiales sobre el funcionamiento de la obra.

Laguna Blanca y el fantasma de 1996

Para fundamentar su preocupación, Vargas recordó la rotura del dique de Laguna Blanca, un episodio que, según señaló, debería servir como referencia para evaluar otras obras hidráulicas. Aseguró que había advertido antes sobre el riesgo de esa estructura y recordó que el dique terminó rompiéndose en 1996, después de que, según su relato, él planteara públicamente sus inquietudes el año anterior.

También evocó su experiencia durante la rotura del antiguo dique del río Negro. Según contó, especialistas que estaban en el lugar consideraban inicialmente que se produciría un asentamiento menor y que la estructura no se rompería. Sin embargo, siempre de acuerdo con su testimonio, el colapso ocurrió unas dos horas después.

Con esos antecedentes, insistió en que las advertencias técnicas deben evaluarse a tiempo y que la ausencia de certezas no debe interpretarse como garantía de seguridad. Mencionó además fallas internacionales en represas para sostener que la prevención exige controles permanentes, información transparente y una respuesta institucional acorde con la magnitud de los riesgos.

«No nos podemos tomar vacaciones cuando estamos en emergencia»

Hacia el final, Vargas volvió a cuestionar la falta de continuidad que, a su juicio, existiría en el seguimiento público de la creciente durante los días feriados. Afirmó que él y otros integrantes de la Fundación Encuentro por la Vida seguían la evolución de los caudales desde las primeras horas de la mañana, con información proveniente de Brasil y de registros hidrológicos que consultaban periódicamente.

En ese contexto, reclamó que los organismos encargados del monitoreo mantengan la comunicación y la atención durante toda la emergencia. «No nos podemos tomar vacaciones cuando estamos en emergencia, porque no dominamos la naturaleza. Tenemos que seguir paso a paso qué está haciendo la naturaleza», manifestó.

Su planteo central es que la prevención no debe comenzar cuando el agua ya afecta viviendas, caminos o actividades productivas, sino cuando los indicadores hidrológicos permiten anticipar el riesgo. En ese sentido, concluyó que el periodismo cumple un papel fundamental para que la población conozca la evolución de los acontecimientos, las advertencias de los especialistas y las medidas que deben adoptar las autoridades.

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