Alerta en los maíces tempranos de La Pampa: entre 3 y 5 días, la clave para frenar al gusano cogollero

Cinco puntos por lote, una escala de daño y un rango de 3 a 5 días que puede definir el resultado: las alertas por gusano cogollero en los maíces tempranos ya llegaron al programa MRI y la advertencia apunta a los primeros estadios de la larva.

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Alerta en los maíces tempranos de La Pampa: entre 3 y 5 días, la clave para frenar al gusano cogollero
Alerta en los maíces tempranos de La Pampa: entre 3 y 5 días, la clave para frenar al gusano cogollero

El gusano cogollero ya hace ruido en los lotes de maíz de siembra temprana y el programa Manejo de Resistencia de Insectos (MRI) encendió la alarma tras recibir los primeros reportes de Spodoptera frugiperda. La advertencia es clara: detectar el ataque a tiempo es lo que define si el productor logra controlar la plaga o la ve avanzar sobre las partes más sensibles del cultivo.

La aparición del insecto en las etapas iniciales del maíz obliga a redoblar las recorridas y a mirar con lupa los síntomas que muestran las plantas. Un diagnóstico temprano permite medir la magnitud del daño y resolver si hay que intervenir antes de que las larvas lleguen al cogollo.

Qué hace el gusano cogollero en el lote

También llamada oruga militar tardía, la plaga se alimenta de los tejidos vegetales y ataca sobre todo las hojas y el cogollo. Las lesiones se ven en las hojas centrales, donde las larvas dejan su marca al comer. Cuando se refugian en el cogollo quedan más protegidas y los insecticidas tienen menos alcance. En los casos más severos, el desarrollo del cultivo queda comprometido.

Frente a los primeros avisos, el MRI pidió intensificar el monitoreo y ajustar la frecuencia según la presión de la plaga. Con condiciones normales, la recomendación es revisar los lotes una vez por semana; si el ataque es importante, el intervalo baja a entre tres y cinco días.

Esa frecuencia no es un detalle menor: permite seguir la evolución de los daños y encontrar las larvas cuando todavía están en sus estadios iniciales. Así el productor trabaja con información actualizada de cada lote y evita enterarse cuando las chances de control ya son bajas.

Cómo se recorre el lote para que el dato sirva

Para que la evaluación represente lo que pasa en el campo, el programa propuso revisar al menos cinco puntos por lote, repartidos entre las cuatro esquinas y el centro. En cada sector hay que observar si hay larvas vivas, los daños recientes en las hojas centrales y qué proporción de plantas está afectada.

La idea es tener una referencia del nivel de presencia de la plaga y no tomar la decisión de control con observaciones aisladas, que suelen distorsionar el diagnóstico.

Cuándo conviene aplicar insecticidas

El punto central de las recomendaciones es acertar el momento del tratamiento. El MRI aconsejó evaluar la aplicación cuando entre el 10% y el 20% de las plantas presente un nivel de daño 3 en la escala de Davis y se detecten larvas vivas en sus primeros estadios, conocidos como L1 y L2.

El criterio combina dos indicadores: cuántas plantas están dañadas y de qué tamaño son las larvas. No basta con ver hojas afectadas; hay que confirmar que hay insectos vivos y en qué etapa de desarrollo están. Con ese dato se define mejor cuándo intervenir y aumentan las chances de que el tratamiento funcione.

El timing es determinante. Las larvas pequeñas quedan más expuestas sobre las hojas; a medida que crecen se meten en el cogollo y quedan resguardadas. Por eso, demorar la intervención reduce la eficacia del control y complica el alcance de los productos.

El monitoreo, entonces, no sirve solo para confirmar que el gusano está: también tiene que mostrar cómo evolucionan la población y los daños, para que cada decisión responda a la situación concreta del cultivo. La recomendación es evaluar lote por lote y ajustar el manejo según los resultados de las inspecciones.

Aplicación, cobertura y rotación de productos

El programa también pidió usar productos y dosis según las indicaciones técnicas, asegurar una buena cobertura durante la aplicación —especialmente en el cogollo— y rotar los modos de acción de los insecticidas para bajar el riesgo de que la plaga desarrolle resistencia.

La calidad de la aplicación pesa: los insectos pueden quedar escondidos en sectores de la planta a los que cuesta llegar. Además de elegir el momento justo, hay que procurar que el producto alcance las zonas donde están las larvas.

La rotación de modos de acción forma parte de una estrategia para preservar la eficacia de las herramientas disponibles. Repetir insecticidas con el mismo modo de acción puede favorecer la selección de individuos resistentes y reducir las posibilidades de control a futuro. Por eso las recomendaciones apuntan a combinar el seguimiento de los lotes con decisiones que miren la coyuntura y también la prevención de resistencias.

Por último, el MRI aconsejó volver a monitorear los lotes entre tres y cinco días después del tratamiento para comprobar su eficacia y definir si hacen falta nuevas medidas. Esa revisión permite ver cómo responde la plaga y evita dar por cerrada la decisión de control sin verificar los resultados.

El MRI está integrado por empresas de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) y ArgenBio. Su trabajo busca preservar la eficacia de las tecnologías de control de insectos y prevenir la aparición de resistencias, un desafío clave para el manejo sustentable de las plagas agrícolas. (Bichos de Campo).

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