Abracaite, Lamas, Patagua y Quipildor: el bautismo de 1557 que los convirtió en apellidos jujeños
El bautismo del cacique de Casabindo en 1557 dejó nombres que hoy son apellidos jujeños. Pero el hallazgo no termina ahí: más de 20 apellidos de esa época sobreviven y guardan secretos sobre migraciones y salud.
Cuatro apellidos muy conocidos en Jujuy esconden una historia que se remonta a casi 470 años. Abracaite, Lamas, Patagua y Quipildor aparecen en un documento de 1557: el registro del bautismo del cacique de Casabindo, junto a su familia y otros miembros de la comunidad.
Así lo reveló a TodoJujuy la genetista e investigadora Ema Alfaro, del equipo de Genética y Bioantropología del Instituto de Biología de la Altura y del Instituto de Ecorregiones Andinas. El grupo estudia apellidos desde hace más de tres décadas para entender parentescos, migraciones y procesos poblacionales.
“El primer documento que tenemos es de 1557 y corresponde al bautismo del cacique de Casabindo. De ese documento hay cuatro nombres que hoy se conservan como apellidos: Abracaite, Lamas, Patagua y Quipildor”, detalló Alfaro.
¿Cómo surgieron los apellidos en la Puna?
Según la investigadora, las poblaciones americanas no usaban originalmente los apellidos como hoy. “Las poblaciones americanas no tenían apellidos; tenían nombres que cambiaban de una generación a la siguiente”, explicó. Es decir, no existía una continuidad de apellido familiar entre padres e hijos.
Esa lógica empezó a modificarse con la conquista española, la evangelización y la incorporación del bautismo católico. A partir de ahí se instaló una nueva forma de registrar y transmitir nombres y apellidos.
El documento de Casabindo les permitió a los investigadores seguir ese cambio a lo largo del tiempo. “Analizamos cómo se produjo el pasaje de nombres que cambiaban de una generación a la siguiente a los apellidos que hoy conocemos”, señaló Alfaro.
Más de 20 apellidos rastreados desde los siglos XVI y XVII
La investigación no se limita a esos cuatro apellidos. El equipo identificó más de 20 nombres en documentos de 1557 y 1650 que con el paso de los siglos se transformaron en apellidos.
La existencia de una serie de registros históricos de Casabindo permitió seguir su evolución y permanencia entre generaciones. Alfaro indicó que los apellidos tienen una importante “profundidad temporal” y pueden aportar datos sobre el origen geográfico o lingüístico de sus portadores, además de evidenciar migraciones y movimientos de población.
¿Qué pueden revelar los apellidos?
El equipo los usa como indicadores de posibles vínculos biológicos por su transmisión generacional. Pero la investigadora aclaró que compartir un apellido no garantiza parentesco. “No todos los que comparten un apellido están efectivamente emparentados entre sí”, remarcó. Entre las razones mencionó adopciones, modificaciones al registrar migrantes y distintas formas de escribir un mismo apellido.
Para ampliar las investigaciones, el grupo también trabaja con padrones electorales. Los apellidos se clasifican según su posible origen geográfico o lingüístico, diferenciando entre autóctonos americanos y foráneos.
Los apellidos como herramienta para estudiar la salud
Además de reconstruir historia y migraciones, los apellidos pueden servir como primer indicador para orientar estudios sobre condiciones de salud ligadas al origen de ciertos grupos poblacionales.
Alfaro aclaró que el análisis es poblacional y no permite diagnósticos individuales. Un apellido por sí solo no determina que alguien tenga o vaya a desarrollar una enfermedad. “Nuestro enfoque es poblacional. La epidemiología se ocupa de la población y nosotros apuntamos a realizar un relevamiento de lo que está pasando”, explicó.
Estos primeros resultados pueden orientar investigaciones más específicas con metodologías de mayor precisión. Así, los apellidos se vuelven una herramienta accesible para reconstruir parte de la historia genética y social de Jujuy.