A un año del Yazá, el nene de 12 años que sobrevivió sigue soñando con la oscuridad del arroyo

Tenía 12 años y viajaba con su papá cuando el colectivo cayó al arroyo Yazá. Un año después, Alejandro sigue despertándose con los gritos de esa madrugada: lo que contó sobre el momento en que el agua lo cubrió.

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A un año del Yazá, el nene de 12 años que sobrevivió sigue soñando con la oscuridad del arroyo
A un año del Yazá, el nene de 12 años que sobrevivió sigue soñando con la oscuridad del arroyo

Este lunes se cumple un año de la caída del colectivo al arroyo Yazá, en Campo Viera, uno de los siniestros viales más dolorosos de la historia reciente de Misiones. El hecho conmovió a la provincia y cruzó las fronteras por su magnitud: un automovilista alcoholizado se cruzó de carril —se cree que de manera intencional—, chocó al colectivo y el rodado terminó cayendo al cauce desde la altura del puente.

El saldo fue de nueve personas muertas y 29 heridas. La mayoría de los pasajeros eran estudiantes que volvían a sus casas en plena madrugada.

La madrugada del 26 de octubre de 2025

El siniestro ocurrió en la madrugada del 26 de octubre de 2025. El Ford Focus era conducido por el comerciante obereño Rafael Gonzalo Ortiz Jordán, de 34 años, quien murió en el acto.

Entre los pasajeros del colectivo fallecieron Gabriela Paola García (26), Magalí Lilén Belén Amarilla (22), Katia Bupvilofsky (24), Ángelo Tadeo Alpuy (19), Elian Natanael Alvez (25), Jonás Luis Dávalos (20), Enzo León (19) y Brian Hobos (19). Las otras 29 personas que viajaban resultaron heridas, pero sobrevivieron.

El operativo en la oscuridad

Junto al arroyo, y con la dificultad que imponía la falta de luz, se montó un amplio operativo de asistencia y rescate. Bomberos, policías, rescatistas y personal de salud trabajaron de manera coordinada para socorrer a los atrapados, trasladar a los heridos y asegurar la zona. Vecinos y voluntarios también se sumaron a la emergencia.

Qué determinaron las pericias

Los estudios toxicológicos establecieron que Ortiz Jordán manejaba con 3 gramos de alcohol por litro de sangre, seis veces más que el límite permitido para automovilistas particulares. En cambio, el test de alcoholemia practicado al chofer del colectivo, Nicolás Tarnowski, dio negativo.

A la causa se incorporaron además audios que Ortiz Jordán habría enviado a un amigo poco antes del choque. En uno habría dicho: "Haceme el aguante, por favor. Me acabo de separar, la mandé a la puta a mi mujer. Peleé con toda la familia. No sé dónde puta estoy. Estoy yendo como a 180 parejo en la ruta". En otro afirmó: "Voy a 180, 190… recién mordí la banquina y casi me pegué un palo", y luego, en un mensaje en el que parecía llorar, habría expresado: "Me quiero pegar un palo más o menos, no sé. Se va a la puta todo. Te juro que tengo unas ganas de morirme, boludo. Se fue a la puta todo, vieja". Los audios generaron profunda indignación y quedaron en el expediente.

Los que volvieron a casa

Alejandro Aquino tenía apenas 12 años cuando ocurrió la tragedia. Todavía lucha con los recuerdos de aquella madrugada, que a veces vuelven en sueños y otras veces como "ganas de llorar". Viajaba con su padre y lo recordó así: "Subimos al cole y agarré el celu. Cuando íbamos llegando al puente me estaba durmiendo, y en eso sentí el choque o la frenada del colectivo y choqué contra el asiento del frente".

Y agregó: "Mi papá me cubrió con su cuerpo y me abrazó, volcamos. Me desmayé y me desperté al rato, con los gritos de unos chicos de atrás. Era todo oscuro, una desesperación".

Gustavo Báez, en tanto, atravesó una larga recuperación física y emocional. "La recuperación fue bastante favorable. Ni bien salí del Hospital Madariaga me recetaron rehabilitación con kinesiólogos. De no mover nada la mano, ahora con kinesiología comencé moviendo dedo por dedo, lo cual me dio fuerzas para seguir. Me dieron rutina de ejercicios para recuperarme", relató.

Con el respaldo de su familia y sus compañeros retomó la vida universitaria: "Quedaron algunas secuelas, pero nada que me impida la movilidad. La idea es seguir adelante con la carrera".

Yazmín, que lo asistió en el arroyo, describió la caída: "Chocamos con el auto, después nos fuimos a la banquina, directamente nos estrellamos y caímos 15 metros". "Nos caímos y a los dos segundos se llenó de agua, el agua me empujó hacia afuera, fui expulsada del colectivo", recordó. Al ver a una persona arrastrada por la corriente, se lanzó a ayudarla: "No lo iba a soltar y no lo iba a dejar ir".

A un año, los testimonios siguen multiplicándose. Dan cuenta de una recuperación que continúa para los sobrevivientes, de familias que conviven con el dolor y de quienes todavía esperan conocer toda la verdad.

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