A un año de su partida, Río Grande vuelve a buscar a Mingo Gutiérrez en la vereda de Obligado al 500
Su amigo de toda la vida tomó la palabra frente a la casa de calle Obligado al 500 y recordó al hombre que se detenía en cada esquina a mirar el horizonte. A un año de la partida de Mingo Gutiérrez, Río Grande lo despidió otra vez.
Amigos, vecinos y conocidos se reunieron esta mañana frente a la casa de calle Obligado al 500 para recordar a Oscar «Mingo» Gutiérrez, el periodista e historiador que convirtió la memoria de Río Grande en un archivo vivo. Se cumple un año de su fallecimiento y la ciudad lo homenajeó donde él solía detenerse a mirar el horizonte.
Mingo murió en horas de la madrugada en la sala de terapia intensiva del Hospital Regional Río Grande, después de una serie de afecciones de salud que lo venían golpeando desde hacía meses. Tenía 72 años.
La convocatoria de este martes se armó alrededor de las 11 de la mañana, en la vivienda de la calle Obligado al 500. No hubo escenario ni protocolo: un grupo de gente que lo quiso se acercó a despedirlo otra vez, un año después.
El legado de «Cordón Cuneta»
Periodista e historiador, Gutiérrez dedicó buena parte de su vida a rescatar la memoria colectiva de la ciudad. Lo hizo desde su espacio en diario El Sureño, la columna «Cordón Cuneta», donde publicó cientos de crónicas, relatos y documentos.
Ese material sigue siendo una referencia obligada para quien quiere entender Río Grande: anécdotas, personajes y rincones que quedaron registrados en sus textos y que hoy funcionan como archivo vivo de la ciudad.
La despedida de un amigo de toda la vida
Uno de los momentos más emotivos del homenaje lo puso Guillermo Triviño, amigo de toda la vida del historiador, que tomó la palabra para recordarlo.
«Ya no se ve más al hombre, se ha marchado en silencio. No pude despedirme de él, derramé una lágrima al enterarme de su partida… El sol, el viento, la lluvia y la vereda de la vega profunda de calle Obligado al 500 extrañan su trajinar lento y cansino. Ya no se para en cada esquina con los brazos atrás de su cintura, respirando profundo, buscando fuerzas para seguir, levantando su mirada y mirando fijo al horizonte infinito…», dijo.
Y cerró: «Amigo Mingo, que estás en nuestros recuerdos diariamente, estás en el corazón y en mi alma. Te abrazo y te abrazamos desde aquí por toda la eternidad. Gracias por todo, querido amigo de la vida. Afectuosamente, Trivi».

