A sus casi 80 años, este luthier de Bariloche sigue creando instrumentos para todo el mundo

¿Qué secreto esconde un luthier de casi 80 años que sigue creando instrumentos en Bariloche? Su historia familiar y su pasión por la madera te van a sorprender.

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A sus casi 80 años, este luthier de Bariloche sigue creando instrumentos para todo el mundo
A sus casi 80 años, este luthier de Bariloche sigue creando instrumentos para todo el mundo

Desde su taller en Bariloche, Raúl Pérez, un luthier de casi 80 años, recibe encargos de todo el planeta. Su pasión por la madera y la música lo llevó a construir instrumentos únicos, pero su historia guarda secretos que pocos conocen.

En la casa de Raúl Pérez, las visitas son constantes. No solo llegan sus hijos y nietos desde Europa cada invierno, sino también músicos que buscan un instrumento personalizado y de calidad. Su hogar, revestido casi por completo en madera, refleja la conexión familiar con la carpintería: cada mueble fue construido por sus manos o las de sus seres queridos.

¿Quién es Raúl Pérez?

Nacido en San Martín de los Andes por el trabajo de su padre en Parques Nacionales, Raúl llegó a Bariloche a los pocos días de vida. Desde entonces, se convirtió en un barilochense de alma, conocido en el Cerro Otto por su habilidad con la madera. “Nunca tuve problema de vocación”, asegura, recordando que a los 10 años ya sabía que no sería odontólogo ni abogado: “Sabía que iba a hacer cosas con las manos”.

El despertar musical

Su conexión con la música vino de sus padres, pero fue en la casa de un amigo donde todo cambió. El padre de su amigo, un comisionado de cultura, tenía una colección impresionante de libros y discos. “Había libros desde el cielorraso hasta el piso”, recuerda. A los 13 años, escuchó música de laúd interpretada por Walter Gerwig y tuvo una revelación: “Dije que tenía que tocar eso”. Ese momento, que él llama su 'satori' japonés, lo impulsó a buscar conocimiento para construir y tocar un laúd, un instrumento casi desconocido en Argentina en esa época.

Un talento heredado

Raúl no solo heredó la vocación de su padre, sino que su linaje se remonta a generaciones atrás. Su hijo, residente en Girona, España, encontró una factura de pago por la reparación de una iglesia en Chiloé, Chile, para su tatarabuelo. “Esto se aprende desde chico y va un poco en la sangre”, afirma. Incluso sostiene que parientes más viejos trabajaban la madera en el siglo XII.

El desafío de construir un laúd

Con 15 años hizo su primera canoa y a los 17 dio sus primeros pasos en la construcción de instrumentos. Pero el laúd fue su gran obsesión. “Conseguir datos era una cosa absurda”, confiesa, ya que no había internet ni libros en Bariloche. Tuvo que aprender idiomas para leer manuales y dependió de viajeros que le traían planos y clavijeros desde Europa. Su suegra fue una de sus principales proveedoras de material.

Las reglas de oro de Raúl

Hoy, a sus casi 80 años, Raúl sigue trabajando con las manos y tiene reglas claras para cada encargo: “No construyo un instrumento sin antes conocer a su ejecutor”, explica. Necesita escuchar cómo toca la persona para crear un instrumento a medida. “Ningún instrumento es igual a otro”, sentencia. Utiliza maderas que guarda desde hace 30 años, como abeto, alerce o ciprés, y cada pieza es única.

Además de luthier, Raúl es artista plástico, docente jubilado y hasta trabajó en cine. Pero su eje siempre fue la carpintería: “Desde chico tuve la urgencia de hacer cosas”. Y aunque muchos lo llaman luthier, él prefiere decir: “Yo trabajo con las manos”.

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