A los 90 años, murió Norberto Galasso, el historiador que desafió la versión oficial
Llegaba a Rosario con su bolsito, sin pedir nada, para juntarse con un puñado de pibes. Tenía 90 años y una obra enorme. La historia que dejó detrás...
Norberto Galasso, uno de los máximos referentes del pensamiento nacional, falleció este lunes a los 90 años. Su muerte deja un vacío enorme en la cultura popular argentina y en el campo de los estudios históricos que él ayudó a construir con una coherencia poco común.
Contador público egresado de la UBA, Galasso abandonó pronto el camino de los números para dedicarse a la historia. Se formó en la línea de Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, y dedicó décadas a cuestionar la mirada liberal de la historiografía oficial. Su objetivo era claro: poner en el centro del relato a los pueblos, las luchas federales y los movimientos populares.
Su obra es monumental. Las biografías que escribió sobre San Martín, Belgrano, Moreno, Perón, Eva, Cooke y Felipe Varela son hoy materiales imprescindibles para entender las contradicciones de la formación nacional.
La huella que dejó en Rosario
Pero Galasso no fue solo un intelectual de escritorio. Durante los años noventa, en pleno auge del neoliberalismo, era habitual verlo llegar a Rosario con su infaltable bolsito, sin pedir nada a cambio, solo para discutir política e historia con grupos de jóvenes que buscaban organizarse.
El diputado Eduardo Toniolli lo recordó así: "A la edad de 90 años, ha partido de este mundo el compañero Norberto Galasso. Lo conocimos en los ‘90, cuando -bolsito en mano y sin más retribución que la satisfacción del deber cumplido- venía a Rosario a reunirse con un puñado de pibes, para recorrer juntos la huella que habían dejado otros hombres y mujeres del pensamiento nacional".
Con una generosidad enorme, caminó la ciudad, dio charlas en sindicatos, centros de estudiantes y locales partidarios. Su paso dejó una marca imborrable en una generación que buscaba reconstruir la identidad nacional mientras el Estado se desguazaba.
Su método no era el de la academia cerrada ni el del bronce inalcanzable, sino el de la trinchera de ideas: la historia puesta al servicio de la liberación y la transformación social.
Con su partida se cierra una época, pero su legado bibliográfico y su ética militante seguirán iluminando a quienes transitan el camino de la soberanía y la justicia social.