A los 76 años, aprendió a cambiar la garrafa sola: el mensaje que su mamá no esperaba
A los 76 años, Elba todavía cría a Nora, su hija de 56 con síndrome de Down. Pero un día Nora le dio una noticia que la dejó sin palabras: había hecho algo que su mamá creía imposible. El mensaje que selló la previa del Día de la Madre.
Elba Yolanda García tiene 76 años y hace más de medio siglo que cría a Nora, su única hija, de 56, con síndrome de Down. En la previa del Día de la Madre, habló con El Tribuno y repasó una historia de esfuerzo, ferias y aprendizajes que convirtieron cada pequeño paso en una victoria enorme.
“Ella es mi sol”, dice Elba cuando le preguntan por Nora. La frase, simple, resume una vida entera de acompañarse. Juntas construyeron una rutina en la que lo cotidiano se celebra: las ferias, los cursos, las clases de baile y hasta el cambio de una garrafa.
Una crianza sin red
Elba nunca se casó y el padre de Nora no participó de la crianza. Durante los primeros años tuvo el respaldo de sus padres, pero ellos murieron cuando la nena era pequeña. Desde entonces quedó sola al frente de todo.
“Dos años tuve a mis padres, después fallecieron y fui yo para ella”, recuerda.
En aquella época, las opciones para las personas con discapacidad en Salta eran casi inexistentes. Elba buscó alternativas donde pudo. La escuela Tobar García no la convencía del todo, así que tomó una decisión drástica: viajar a Buenos Aires.
“La escuela Tobar García era como que no me convencía en ese momento. Y allá, digamos, es como que enloquecí porque le exigí demasiado”, cuenta sobre aquellos años.
Buenos Aires y los oficios
En la capital, Nora accedió a atención médica, fonoaudiología, acompañamiento psicológico y propuestas de formación. Aprendió panadería, repostería y bijouterie. Este último oficio se volvió su gran herramienta: es hábil con las manos y hoy vende sus trabajos en ferias.
“Es muy habilidosa con las manos”, destaca su mamá.
Para Elba, la feria del trueque solidario es mucho más que un puesto de venta. Es un espacio de encuentro. Allí Nora conversa, conoce gente y sostiene una actividad que la entusiasma.
“Estoy contenta con la feria porque realmente ella se ocupa y yo me entretengo también. Conoce gente, hace sociales. Me gusta mucho”, expresa.
Elba recuerda que, cuando Nora era chica, los espacios de apoyo en Salta eran prácticamente nulos. “En esa época, imaginate, ella tiene 56 años, era nulo, digamos, casi las cosas que había. Fuera de la Tobar García no había otra cosa”, explica. Por eso, el viaje también fue una forma de abrirle caminos.
“Me puedo morir tranquila”
Con los años, Nora aprendió a hacer tortas, panificados y productos de repostería. También se dedica a la bijouterie, que aprendió en una institución educativa porteña.
“Eso es lo que más es mi fuerte y salgo y vendo”, cuenta Nora.
El vínculo con el trabajo nació en casa. Según relata, aprendió de su mamá a producir y a comercializar. “Ella hacía cosas y yo vendía también. Aprendí de mi mamá compra y venta”, dice.
Elba también le enseñó las tareas de la vida diaria: pagar los servicios, comprar el gas, cambiar una garrafa. Cada uno de esos actos tiene un valor enorme. Hace poco, Nora le contó que había logrado cambiar la garrafa por sus propios medios.
“El otro día me dijo: ‘Mamá, ya pude cambiar la garrafa’. Para mí ya es un logro grande. Porque sé que va a poder hacerlo”, relata Elba.
Ese tipo de conquistas le dieron tranquilidad. “Antes le pedía a Dios todos los días que me dé un día más y hoy en día digo: me puedo morir tranquila porque sé que se va a defender, porque sabe trabajar”, afirma.
La preocupación que no la suelta
La independencia de Nora es la principal inquietud de su madre. Elba sabe que podrá acompañarla mientras tenga fuerzas, pero piensa en el futuro, en el día que no esté.
“Me gustaría que tenga una vida linda después que yo no esté”, dice.
Es la misma inquietud que comparten muchas familias de personas con discapacidad: cómo garantizar que sus hijos puedan seguir adelante, tomar decisiones y desenvolverse cuando ellos falten.
“Mientras yo esté, la defiendo a capa y espada de cualquier cosa. Pero el cambio es cuando yo no esté. Y ahí, por más que le nombre tutores, no sabés, no sabés. Esa es la única preocupación que yo tengo”, confiesa.
Por eso sigue enseñándole. No solo cosas prácticas, sino una idea que Nora ya incorporó: hay cosas que debe hacer por sí misma. “El mandar”, responde Elba cuando le preguntan qué frase quedó grabada en su hija. La exige, la orienta y la impulsa a cumplir con sus responsabilidades.
“Te llama si tiene que ir al médico, si tiene que ir a pedir la garrafa. Yo le exijo mucho. Entonces ella se está criando con eso de decir: ‘Lo tengo que hacer. Pues si no, mi mamá”, explica.
Agenda llena
Nora no para. Los lunes, miércoles y viernes asiste a actividades con la profesora Claudia Magnetta en la Plaza España. Los lunes también tiene folclore y tango; los jueves, gimnasia y zumba.
“Soy muy activa”, dice Nora, orgullosa.
Algunos días arranca a las 7 y termina a las 21. También hizo cursos de cocina internacional, cocina básica y panadería.
“Cocina mejor que yo”, bromea Elba, que reconoce que a su hija le encanta preparar comidas.
Un Día de la Madre juntas
Para este Día de la Madre, Nora ya tiene lista la comida. Van a almorzar verduras, chorizo y morcilla. Una celebración sencilla, como tantas otras, pero cargada de significado.
Para Nora, lo más importante es pasar el día con su mamá. “Siempre con mi mamá”, dice.
Cuando le preguntan qué recuerda de ella cuando están un poco separadas, Nora no duda: “Que la extraño, nada más”.
La relación se sostiene en la presencia cotidiana, en acompañarse en las tareas y compartir espacios. También abrazos, ferias, clases, recetas y charlas.
“¿Estás orgullosa de tu mamá?”, le preguntaron a Nora. “Sí, además soy su única hija”, responde.
Después, el mensaje para Elba llega directo, sin vueltas: “Que la quiero mucho, que te quiero mucho, mamita”.
Nora repite la frase que resume todo: “Te quiero mucho, mamita”.
El mensaje de Elba para otras madres
Elba también tiene un consejo para las madres que atraviesan situaciones difíciles. Les pide que busquen ayuda y que no dejen solos a sus hijos.
“Que si les toca vivir una vida difícil, traten de buscar ayuda, que traten de sacar a los chicos adelante”, expresa.
También se refiere a las dificultades que enfrentan muchas familias frente al consumo problemático de drogas y otros conflictos que atraviesan a los jóvenes.
“Hoy en día, cual más, cual menos, hay mucha droga. Y los padres no saben qué hacer y los dejan solos”, sostiene.
Su mensaje se resume en una palabra: acompañar. “A los chicos hay que acompañarlos, en las buenas y en las malas”, afirma.
Este domingo 18 de octubre, mientras muchas familias celebran el Día de la Madre, Elba y Nora compartirán su propia fiesta. Sin grandes discursos ni gestos extraordinarios. Solo una comida preparada con cariño, una jornada compartida y un vínculo que sostuvieron durante 56 años. Un lazo construido con esfuerzo y ternura, en el que cada aprendizaje de Nora es una conquista y cada día juntas, una nueva oportunidad para decirse cuánto se quieren.