A los 74 años y con seis décadas en el oficio: el peluquero que atendió a cuatro generaciones y no piensa jubilarse
Con 74 años y 60 de oficio, Carlos Fernández atiende a cuatro generaciones y no piensa retirarse. ¿Cuál es el secreto para mantenerse vigente?
Carlos Fernández tiene 74 años, lleva 60 cortando el pelo y todavía no quiere dejar las tijeras. Atendió a cuatro generaciones de una misma familia y, en pleno Día del Peluquero, contó por qué sigue firme en su local de calle Bavio 23.
La historia de Carlos arrancó cuando era apenas un pibe: a los 13 años ya estaba al lado de su papá, que también era peluquero, igual que su abuelo. Con esa herencia familiar, no dudó en seguir el camino y a los 15 ya tenía su carnet profesional. "En esos años se podía rendir todavía siendo menor", recordó en diálogo con Elonce.
Una vida entre peines y tijeras
Carlos trabajó en locales alquilados hasta que logró poner el suyo propio. Hace 36 años que está en Bavio 23, donde abre todas las mañanas de 8 a 13. "Gracias a Dios estoy bien, es un trabajo lindo, me gusta, es muy sociable. Uno charla con la gente, te hacés amigo de los clientes", explicó.
A pesar de haberse jubilado, no piensa en dejar el oficio. "Mientras pueda hacerlo, creo que lo voy a seguir haciendo, o los mismos clientes me van a retirar cuando dejen de venir", confesó. Y agregó: "A veces pienso: '¿Hasta cuándo?'. Y me gusta, no quiero dejar. Por ahora sigo. No te digo dos años ni diez, no sé".
El secreto: el trato con la gente
Para Carlos, lo mejor de la profesión no es solo el corte, sino el vínculo que se genera. "Es un trabajo muy especial porque termina siendo medio hasta psicólogo, porque todos te cuentan sus problemas", describió. "Más que clientes pasan a ser amigos prácticamente", agregó.
Ese lazo se nota en cada detalle. Durante la entrevista, Danilo, un cliente de 86 años, llegó a la peluquería y se emocionó al hablar de Carlos: "Es un amigo de muchos años". Danilo no recuerda exactamente desde cuándo va, pero sospecha que ya era cliente del padre de Carlos.
Cuatro generaciones y una tradición que sigue
Carlos atendió a familias enteras. "Le he cortado desde el bisnieto al abuelo, a los cuatro", contó. Y algunos clientes vienen de más lejos: "Hay gente que es más antigua que yo en la peluquería. Eran clientes de mi papá, gente de más de 80 años que todavía viene".
Sin embargo, ninguno de sus hijos siguió con el oficio, así que la tradición familiar termina con él, al menos por ahora.
La tecnología cambió, pero no todo
Carlos vio pasar la maquinita manual a las eléctricas, y la navaja dio paso a afeitadoras modernas. "Han salido unas afeitadoras muy buenas que la reemplazan con creces", señaló. Pero hay algo que no cambió: "Una tijera no ha cambiado. El peine y la tijera es lo básico".
Lo que sí le cuesta son los cortes asimétricos, una moda que no termina de convencerlo. "Yo me formé trabajando con lo simétrico, con lo parejo. Hacer cortes asimétricos me cuesta, no me gustan", admitió. Igual los hace, aunque sea "por una cuestión de supervivencia".
Un espacio para charlar
En su local, el celular no manda. "Hay gente que deja el celular y charlamos", dijo Carlos. Se habla de fútbol, política, economía, religión e historia. Y aunque muchos usan apps para los turnos, él mantiene el teléfono fijo y una agenda de papel. "Piden turno al fijo. Suena ese teléfono mucho", contó.
A sus 74 años, Carlos sigue firme, con la misma pasión de siempre. "Me gusta cortar el cabello, pero hay una relación con el cliente", insiste. Y mientras pueda, va a seguir ahí, con las tijeras en la mano y la charla al día.