A los 18 años es bombera voluntaria en Alto Comedero: la frase que le decían sus compañeros de escuela
Rocío Estrada empezó a capacitarse a los 16 años, antes de terminar la secundaria. Lo que encontró en el cuartel de Alto Comedero cambió su vida.
Rocío Estrada tiene 18 años y es bombera voluntaria en Alto Comedero. Su historia tiene un punto de partida inesperado: una convocatoria que vio en Instagram cuando tenía 16 y que la llevó a descubrir una vocación que hoy define sus días.
Mientras terminaba la secundaria, Rocío dividía su tiempo entre las aulas y el cuartel. Su decisión no siempre fue bien recibida por sus compañeros de la Escuela de Comercio N° 2 de Ciudad de Nieva, que no entendían por qué dedicaba tantas horas a una actividad sin paga. "Me decían: '¿Por qué vas ahí? Estás perdiendo el tiempo, no te pagan'. Pero es más que nada vocación. Yo encontré vocación y amor al cuartel", contó en TodoJujuy.
El primer paso: una publicación en Instagram
Nadie en su familia había sido bombero ni integraba una fuerza de seguridad. Fue una publicación en Instagram lo que despertó su interés. "Siempre fui una chica muy activa, me gustaba probar cosas nuevas y dije: '¿Por qué no meterme?'. Me inscribí y me gustó", recordó.
Sus padres reaccionaron bien. Su papá la alentó a intentarlo y la ayudó con los trámites: la planilla prontuarial y el certificado de aptitud médica. Durante un año completó la capacitación como aspirante, con una modalidad semimilitarizada que incluía ejercicios físicos y preparación para distintas emergencias.
El primer día de entrenamiento quedó grabado en su memoria. Llegó acompañada por su papá y la práctica fue más dura de lo que imaginaba. "Justo se largó la lluvia y terminé llena de barro. Llegué a mi casa muy cansada y mis padres me preguntaron qué me había pasado. Yo les dije: 'Me gustó, quiero seguir'. Ahí encontré mi vocación", relató.
Su primera intervención en un incendio
A un mes de cumplir 18 años, Rocío participó en su primer incendio. El miedo y los nervios aparecieron, pero no estaba sola: "Se te nubla la mente y pensás: '¿Qué tengo que hacer?'. Lo bueno es que nosotros no vamos solos. Siempre nos acompañan los bomberos", explicó.
En esa ocasión trabajó bajo la supervisión de dos integrantes del cuartel, que le indicaban las tareas. Ya había practicado el uso del chicote, la herramienta que se emplea para combatir el fuego en terrenos con vegetación. Durante la temporada de incendios, su rutina era intensa: "Era el colegio y las guardias. Salía del colegio y me iba al cuartel", resumió.
Hoy, con 18 años cumplidos el 26 de septiembre y la formación terminada en diciembre, Rocío ya participó en operativos coordinados con el SAME, Bomberos de la Policía, la Policía de la Provincia y Manejo del Fuego. El cuartel, asegura, se convirtió en su segunda familia: "Casi todos los días nos vemos. Es como una segunda familia y me siento muy cómoda y en confianza con ellos", afirmó.