A los 15 nadie le dio trabajo: hoy es atleta de la Selección y suelta todo para ayudar en la calle

Hipólito Pereiro, de 21 años, es atleta de la Selección, dueño de un local de ropa y ayuda a personas en situación de calle. ¿Cómo pasó de ser un adolescente sin trabajo a un ejemplo de superación?

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A los 15 nadie le dio trabajo: hoy es atleta de la Selección y suelta todo para ayudar en la calle

Hipólito Pereiro tiene 21 años y una agenda imposible: entrena para la Selección argentina de atletismo, maneja su propio local de ropa, estudia Relaciones Públicas y, de noche, recorre las calles para llevar comida a quienes más lo necesitan. Todo empezó cuando era un adolescente y nadie quiso darle un empleo.

Nacido en Lomas del Mirador, partido de La Matanza, creció en una “familia tipo” junto a sus padres y su hermano mayor. “Jamás me faltó nada, gracias a Dios, y a mis viejos. Siempre me educaron mucho con el ejemplo de rebuscársela de buena manera”, dice en diálogo con TN.

A los 15 años, mientras cursaba el secundario, sintió la necesidad de independizarse. “Me daba cosa pedirle a mi papá que me compre una remera. Y bueno, me picó el bichito y dije, ¿por qué no hago algo propio?”, recuerda.

Pero buscar trabajo en plena pandemia siendo menor de edad era misión imposible. “Nadie me quería dar trabajo. Era lógico, era menor y no todo el mundo te da un trabajo”, afirma. Lejos de frustrarse, decidió buscar la solución en su propio barrio. Se juntaba con los chicos en la plaza y empezó a indagar: “¿Qué es lo que falta acá? ¿Qué necesitan? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo vender?”.

De la venta online al local propio

La respuesta estaba en la ropa que a él y a sus amigos les gustaba usar. Lo que comenzó como una pequeña venta online obligada por el contexto pandémico se transformó con los años en un emprendimiento sólido que hoy cuenta con local propio en el mismo barrio que lo vio crecer, junto a un amigo y su hermano. “Ya es un emprendimiento bastante estable. Somos un equipo de trabajo de seis personas y ya vamos casi para los seis años”, relata con orgullo.

Casi al mismo tiempo que inició este emprendimiento, Hipólito tuvo su primer encuentro con otra de sus grandes pasiones: correr. Por entonces jugaba al fútbol, pero “en un ambiente muy hostil, que no me gustaba, que no estaba bueno”. “Todos los días había cosas feas que de a poco me fueron sacando el cariño que le tenía al deporte”, recuerda.

En medio de esa crisis, una entrenadora municipal de La Matanza que lo recordaba de torneos intercolegiales lo contactó para hacer una prueba de 1.500 metros. Se presentó a los tres días. “Ahí conocí un poquito lo que era el ambiente del atletismo. Me sentí súper cómodo, todos me trataron de diez y eso me enamoró desde un primer momento. Y literalmente al otro día dejé el fútbol”.

Su ascenso fue meteórico: a las cuatro semanas ya representaba a la provincia de Buenos Aires en un torneo nacional. Luego llegó la categoría Sub-20 y su primera convocatoria al seleccionado argentino para el Torneo ABP (Argentina, Brasil y Paraguay). No paró hasta consagrarse Campeón Nacional en 3.000 metros con obstáculos y Campeón Nacional de Cross Country, lo que le permitió el pase al Sudamericano Sub-23 en Bucaramanga, Colombia.

Para Hipólito, ponerse la camiseta argentina es una sensación inigualable. “Mi deseo personal, mi anhelo máximo es seguir representando hasta donde me dé al seleccionado argentino. Nunca me sentí igual a las veces que me llamaron para decirme que estaba en el listado”, afirma. En las próximas semanas se instalará en la altura de Cachi, Salta, donde se preparará durante 21 días para el próximo campeonato nacional, clasificatorio para un nuevo Sudamericano.

“No esperar el momento perfecto para ayudar”

Con el negocio marchando y las zapatillas sumando kilómetros, Hipólito sintió la necesidad de poner en marcha un nuevo desafío con su grupo de amigos de siempre. Fantaseaban con “ayudar cuando tuvieran plata” a los que menos tienen, pero se dieron cuenta de que “si vivís esperando el momento perfecto te terminás llevando muchas decepciones, porque nunca llega”.

Así fue como armaron una “vaquita” entre los siete u ocho del grupo, juntaron algo de dinero, prepararon termos de café, compraron 120 alfajores y metieron en bolsas su propia ropa. “Yo me quedé casi sin nada”, confiesa entre risas. Subieron todo a tres autos particulares y salieron a rodar por la Avenida Rivadavia, pasando por Flores hasta llegar a Retiro, frenando donde veían a alguien durmiendo en el piso.

En su segunda salida nocturna, decidieron registrar lo que hacían para difundirlo en redes sociales. Fue esa noche cuando se cruzaron con Maxi Ortiz, un pibe de Rufino, Santa Fe, que se encontraba en situación de extrema vulnerabilidad en la zona de Retiro. El video se viralizó sumando más de un millón y medio de reproducciones y despertó la solidaridad de cientos de personas.

Pero Maxi no tenía documentos ni teléfono, y de un día para el otro le perdieron el rastro. “Estuvimos yendo todos los días a buscarlo, pero no lo encontrábamos por ningún lado”. Hasta que hace unos días, en un último intento, apareció. Hipólito lo llevó a su casa, donde Maxi pudo darse una ducha, comer, cepillarse los dientes y hacerse de un par de mudas de ropa sana para volver con su familia. “Nos quedamos hasta las 6 de la mañana en la estación de Retiro, le compramos el pasaje y justo hace unos minutos me llegaron fotos de él que ya estaba abrazando a su hermanito. Se volvió a juntar con su familia después de mucho tiempo. Una locura”, dice como si esto que cuenta le hubiera pasado a otro.

Y aunque reconoce que aún les falta organización, Hipólito no piensa detenerse. Con apenas 21 años, este pibe flaquito y rubio sabe que tiene una energía capaz de vencer cualquier obstáculo y encontrarle la vuelta a la situación más adversa.

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