A los 10 años empezó el infierno en su propia casa: el hombre que la crió desde los 2 la abusó hasta los 18

Tenía 10 años cuando empezaron los abusos de quien la crió desde los 2. A los 18 descubrió que estaba embarazada. Denunció y esperó más de seis años: ahora decidió contar todo.

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A los 10 años empezó el infierno en su propia casa: el hombre que la crió desde los 2 la abusó hasta los 18
A los 10 años empezó el infierno en su propia casa: el hombre que la crió desde los 2 la abusó hasta los 18

Durante años, Tiara Vidal aprendió a sobrevivir en silencio. Tenía apenas 10 años cuando comenzaron los abusos sexuales por parte de quien ocupaba el lugar de un padre: su padrastro, el hombre que la había criado desde los 2 años y que, frente a los demás, se mostraba como "el papá perfecto".

Los abusos se extendieron de manera sistemática e ininterrumpida durante toda su adolescencia, hasta los 18. Producto de esa violencia, quedó embarazada. Se enteró el 28 de enero de 2020, cuando transitaba el sexto mes de gestación. Un día después decidió hablar. Más de seis años después de aquella denuncia, un juicio por jurados terminó con la condena de su abusador a 16 años de prisión.

Ahora, con la sentencia firme y después de haber pasado buena parte de su adolescencia y juventud atravesada por el abuso, el miedo y el proceso judicial, Tiara decidió hacer algo que durante mucho tiempo no pudo: contar públicamente su historia. "Esto lo hice más que nada para darle un cierre, porque fue muy duro y muy traumático para mí. Sé que hay muchas mujeres en el mundo que sufren abusos y no pueden hablar", explicó en diálogo con Ahora en Comodoro, por ADNSUR.

Pero hay otra razón por la que eligió hablar. Tiara es profesora de danza y sabe que detrás suyo hay niñas y adolescentes que la observan y escuchan. "Sé que tengo muchas niñas y adolescentes atrás mío porque soy profesora de danza. Quiero darles apoyo y decirles que no tengan miedo de hablar, porque esta es gente enferma de la cabeza", sostuvo.

El "papá perfecto" y el infierno puertas adentro

Para Tiara, una de las dimensiones más dolorosas de su historia está vinculada al lugar que su abusador ocupaba en su vida. "Yo era una niña. Mi abusador era mi ex padrastro, el papá de mis hermanos. Fue algo muy duro porque él me crió desde los 2 años, era prácticamente mi papá", relató.

Hacia afuera, nada parecía advertir lo que ocurría. "Era el tipo de padrastro que daba todo por su hija. Demostraba que cuando yo quería algo él estaba. Era el típico papá perfecto que daba afecto, que no dejaba que falte nada". Pero puertas adentro, Tiara describe una realidad completamente diferente. "Todos lo veían como el papá perfecto, pero en casa yo vivía un infierno".

Según relató, con los años el control fue cada vez mayor. Su padrastro la fue aislando de amigos y familiares, controlaba sus movimientos y hasta sus vínculos en la escuela: "Se encargó de que yo no tuviera contacto con nadie. Cuando iba a la escuela tenía que esperarlo en un hall del colegio. No podía hablar con nadie, no podía usar el celular, no podía hablar con varones".

"Si iba a la casa de alguna amiga a hacer la tarea, tenía que hacerla rápido y volver con todo hecho. No podía ir a una plaza", dijo. La violencia también era física: "Una vez me pegó dentro del auto porque yo había querido tener novio. Me rompió el labio de un cachetazo. Me decía que si no estaba con él, entonces no podía estar con nadie".

A eso se sumaban las amenazas: "Me preguntaba qué le iba a decir yo a mi mamá. Me decía que si yo hablaba, mis hermanos iban a vivir lo mismo que yo. Tenía miedo de que abusara de ellos o fuera violento con ellos. Por esas amenazas yo no quería hablar".

Tiara recuerda que llegó a quedar prácticamente aislada: "No fue fácil enfrentar al monstruo así. Yo le tenía miedo. No sabía pedir ayuda. En un momento yo no veía a mi familia, me alejó de todo el mundo. Yo no tenía un vínculo para poder hablarle de esto a alguien. Se encargó de que ni siquiera tuviera buena relación con mi mamá".

Un embarazo a los 18 años y la decisión que cambió su vida

El punto de quiebre llegó en enero de 2020. Tiara tenía 18 años cuando descubrió que estaba embarazada producto de los abusos. Para entonces, la gestación ya estaba avanzada. "El 28 de enero me enteré que estaba embarazada y el 29 hablé. Tenía miedo, pero hablé con una psicóloga y me abrió los ojos. Fue una charla profunda que me abrió los ojos. Hablé con mi mamá y fuimos a denunciar".

"Mi mamá me creyó, mi familia y mis amigos igual. Gracias a Dios tuve un entorno que me pudo sostener", contó. Cuando recibió la noticia del embarazo, Tiara transitaba el sexto mes de gestación. Según contó, por el estado avanzado del embarazo se le planteó la posibilidad de dar a la bebé en adopción. Durante un tiempo lo consideró, hasta que llegó el nacimiento. "Cuando nació, la partera me preguntó: '¿Qué hacemos con la bebé?'. Yo la miré, la abracé y dije que no podía dejarla sola. No sabía si se la podían dar a alguien y sufría lo mismo. No sabía si en otro lado iba a ser feliz". La decisión de quedarse con su hija implicó también aprender a construir un vínculo atravesado inicialmente por circunstancias profundamente traumáticas.

"Transité un embarazo depresivo, solitario. Fue doloroso. Pero tuve que amarla, y la amo", resalta. Hoy su hija tiene 6 años, lleva su apellido y ocupa un lugar central en su vida: "Hoy lo hago también por ella, porque también es una mujer, una niña, y no quiero que le pase nada". Y entonces Tiara pronuncia una de las frases más difíciles de toda su historia: "Gracias a ella yo estoy viva. Muchas veces atenté contra mi vida, con la depresión, no le encontraba sentido a la vida. Yo no sabía ni siquiera quién era".

Su hija se convirtió, cuenta, en una razón para seguir: "Pude salir adelante. Trato de ser una mamá que esté continuamente con ella, que no le falte el amor. Ella es divina y todos los días trato de que sea feliz".

"Soy una persona rota, me rompieron"

La maternidad no borró lo sucedido, tampoco lo hizo la denuncia. Durante más de seis años, Tiara debió reconstruir una y otra vez ante psicólogos y ante la Justicia los episodios más dolorosos de su vida. "Fue un trabajo de hormiga porque era ir y volver al pasado. Nunca pude soltar el pasado en mi presente, porque cada detalle y recuerdo que tenía vivo lo tuve que llevar a la Justicia".

Mientras avanzaba la causa, el miedo continuaba: "El vivía a 10 cuadras de mi casa. Yo no podía ni siquiera salir a comprar sola. Incluso siendo del San Cayetano me tuve que ir a vivir a Restinga para proteger a mi hija". La pregunta que se hizo durante aquellos años todavía la interpela: "¿Por qué la víctima tiene que ocultarse o dejar de vivir tranquila por miedo a que esta gente te haga daño?"

Tiara cuenta que sufría ataques de pánico, ansiedad y pesadillas. Durante años tuvo miedo incluso de caminar sola por la calle. "Recién cuando supe que él estaba preso sentí paz. Yo venía con muchos ataques de pánico y ansiedad desde que era chica, y cuando empezó el juicio recién pude dormir sin tener pesadillas. Tenía miedo hasta de salir a caminar en la calle. Recién ahora puedo caminar tranquila".

Pero la condena no significa que el daño desaparezca: "Esta pena que le dieron no me va a devolver nada. Me arrebató todo. Me robó mi niñez, mi adolescencia". También modificó el proyecto de vida que imaginaba para sí misma. "Tuve que aprender a ser mamá a los golpes, a tener una vida diferente, porque si vos me preguntabas a mí qué podía ser de mi vida, era estudiar, ser bailarina. No pensaba en ser mamá". Y todavía hay experiencias que siente que le fueron arrebatadas.

"Hasta el día de hoy pienso que no pude vivir un embarazo deseado, un embarazo tranquila. No pude escuchar su corazón en una ecografía. Tuve que sobrevivir. Toda mi vida fue así". Tiara no busca suavizar lo que le ocurrió ni construir un relato en el que una sentencia judicial pueda borrar años de violencia.

"Esto a mí me rompió el alma. Me partió el alma escuchar de los psicólogos todas las cosas y traumas que me quedaron. Soy una persona rota, me rompieron". Y agrega: "Sentir cada vez que tu corazón sangra es doloroso, porque yo no me merecía nada de eso. Nunca lastimé a nadie".

Seis años esperando justicia

El proceso comenzó en 2020 y se prolongó durante seis años y medio. Durante todo ese tiempo, Tiara evitó exponer públicamente el nombre de su abusador o realizar publicaciones sobre el caso por temor a perjudicar el proceso judicial. "No lo escraché ni nombré antes porque tenía miedo a que le bajaran la pena o lo utilizaran en mi contra. Una vez que tuvo la condena firme, sí. Decidí que no me callo más".

La causa finalmente llegó a juicio por jurados y el acusado fue condenado a 16 años de prisión. En Argentina, las figuras agravadas del abuso sexual contemplan penas mayores cuando de la violencia ejercida resulta un grave daño en la salud física o mental de la víctima.

En el caso de Tiara, el embarazo producto de los abusos formó parte de una historia atravesada por consecuencias físicas, psicológicas y sociales que se extendieron mucho más allá de los hechos denunciados. La sentencia, admite, no devuelve lo perdido. Pero cambió algo fundamental: por primera vez en muchos años comenzó a sentir que podía vivir sin esconderse: "Fueron muchos años de abuso, violencia. Con esta condena ya estoy más tranquila".

"No porque un niño sonría significa que está bien"

Al contar su historia, Tiara también busca derribar una idea que suele aparecer alrededor de las víctimas de abuso: que necesariamente existen señales evidentes para el resto: "Siempre me decían por qué, si sufrí abusos, no me iba mal en la escuela, era buena hija, no era rebelde. Y no es así. No porque un niño sonría significa que vaya a estar bien".

Según explica a partir de lo que pudo trabajar durante años de terapia, aprendió desde pequeña a sobrevivir y disociar aquello que estaba viviendo. El abuso, además, estaba atravesado por una fuerte manipulación psicológica. Tiara describe que su abusador ocupó primero un lugar de afecto, cuidado y protección para luego utilizar ese vínculo como herramienta de control.

Ese mecanismo hizo todavía más difícil comprender lo que ocurría y pedir ayuda. Por eso hoy insiste en que los adultos deben escuchar y prestar atención incluso cuando un niño o adolescente aparentemente continúa con su vida cotidiana.

"Ya no me callo más"

Después de la condena, Tiara publicó una carta y un video en sus redes sociales. Lo describe como un acto de liberación: "Esta carta que subí fue algo de liberación, de paz. Viví muchas cosas que no merecía".

Incluso después de la sentencia recibió mensajes de personas que la acusaron de mentir. "He recibido mensajes tratándome de mentirosa. Pero ya hay una condena. Un jurado que ya decidió condenarlo y la prueba más fuerte, que es el ADN de mi hija". Su respuesta frente a eso es contundente: "Yo no voy a volver para atrás. Mi hija no tiene la culpa de lo que sufrí y quiero que sea feliz conmigo".

Tiara asegura que también sufrió consecuencias por haber denunciado: "Por hacer la denuncia recibí amenazas, me golpeó una de sus familiares, sé que me siguen revisando las redes". Pero aquella adolescente que tenía miedo de salir de su casa hoy siente que recuperó algo fundamental: el control sobre su propia vida.

"Yo estoy preparada para cualquier cosa que digan, pero ya no me quedo callada. Me cansé de estar peleando y que nadie escuche". Y agrega: "Yo ya no tengo miedo. Me rompieron todo lo que podía romperse. Estoy fuerte y no tengo miedo. Soy adulta, soy mamá".

"Corran por su vida, no miren atrás"

Tiara sabe que su historia es suya, pero también que puede ser escuchada por alguien que en este momento atraviesa aquello que ella atravesó durante ocho años. Por eso decidió hablar: "No puedo hacer oídos sordos de lo que les pasa a otras mujeres. Si esto puede ayudar a tener un poco de valentía y animarse a denunciar, que lo hagan. No se van a arrepentir".

Su mensaje no desconoce lo difícil que puede ser el camino. "Yo sé que cuesta un montón hablar, que hay miedo de que nos vayan a juzgar". Tampoco promete que después de una denuncia todo será sencillo: "Te aseguro que denunciás y van a pasar un montón de cosas. Mucha gente se va a poner en tu contra. Pero háganlo y sigan peleándola, porque no va a ser en vano".

Después de ocho años de abuso, seis años y medio de proceso judicial, miedo, amenazas, ataques de pánico y una maternidad que comenzó en las circunstancias más dolorosas, Tiara quiere que otras víctimas escuchen algo que ella necesitó años para poder comprender: "No protejan al que les hace daño. Corran por su vida. Hablen. Corran y no miren para atrás. Por su futuro".

Y concluye: "Que nadie tenga el control de sus vidas. Sus vidas valen un montón. De 100 personas, al menos una te aseguro que te va a escuchar. Busquen ayuda. Que se animen, que no tengan miedo. Que lo peor ya les pasó, que tomen el control de su vida".

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