88 años, leyenda ovina y un dato que no se esperaba: el hombre que fue jurado en la Expo de Viedma
¿Qué hace un hombre de casi 88 años que dedicó su vida a las ovejas cuando la actividad ya no es lo que era? La respuesta de Bienvenido Gabilondo, jurado en la Expo de Viedma, sorprende.
Bienvenido Francisco Gabilondo nació el 6 de noviembre de 1938 en Carmen de Patagones y está a punto de cumplir 88 años. Toda una vida ligada al campo y, sobre todo, a las ovejas. Su historia familiar se remonta a fines del siglo XIX, cuando el campo era de su bisabuelo Vicente Tellería.
“Estuve toda la vida en el campo”, le contó a Río Negro Rural. A los 8 o 10 años ya andaba entre las tareas de las ovejas y, con el tiempo, fue sumando conocimientos de productores y referentes de la actividad.
El establecimiento familiar está a unos 50 kilómetros de Carmen de Patagones, sobre la costa del mar, en una zona que él considera ideal para la cría ovina. Tiene algo más de 3.000 hectáreas y hoy se maneja en sociedad familiar.
El valor de la genética
Durante décadas, la producción ovina fue el corazón de la explotación. En los años 60 y 70 arrancaron con un plantel Merino formado con animales de establecimientos reconocidos, como la estancia Santo Tomás de la Sierra. Después llegó la genética de afuera: dos reproductores que trajeron desde Australia junto a vecinos de la zona.
“Eso fue un salto importante porque los carneros venían de países productores por excelencia”, recuerda Gabilondo.
La selección y el mejoramiento genético fueron una constante. Con los años, parte de sus animales se destinaron a reproducción y el campo consolidó un plantel Merino que todavía mantiene. Hoy cuenta con unas 300 ovejas de plantel. Hubo épocas de 600, pero la caída de la demanda de reproductores y los cambios económicos de la actividad obligaron a achicar.
“En un momento, en los años 2000 y algo, yo vendía 150 carneros y ahora vendo 30”, explica.
La estrategia también cambió. Para Gabilondo, hoy el objetivo no es crecer en cantidad sino sostener la calidad para seguir vendiéndole a productores más pequeños.
“No tengo tanto volumen para crecer, así que quiero mantenerme con lo que tengo. La vida me enseñó que tener mucho no es tener más”, señala.
Su mirada sobre la cantidad de animales que puede soportar un campo también se transformó. Prefiere una carga que conserve el pasto todo el año antes que llevar el establecimiento al límite.
“Ahora prefiero que todo el año haya pasto”, sostiene. Y remata con una definición que lo pinta de cuerpo entero: “No quiero que se me muera un solo animal en el campo, eso no lo puedo ver”.
Menos ovejas, más bovinos
La producción ovina sufrió una fuerte reducción en la Patagonia en las últimas décadas. Gabilondo enumera los factores: la sequía, la caída del valor de la lana, los problemas de manejo y, sobre todo, el avance de los depredadores y la menor disponibilidad de trabajadores rurales.
En su campo, esos cambios también movieron la composición productiva. La vaca ganó terreno y hoy es el principal producto comercial. “Hoy por hoy, el principal producto es la carne vacuna”, explica.
El bovino tiene ventajas de manejo para un establecimiento donde cada vez cuesta más conseguir personal especializado. La oveja exige atención permanente y es más vulnerable a los depredadores; el vacuno permite otro esquema de trabajo.
La transformación rural también es social. Gabilondo recuerda que décadas atrás era común encontrar trabajadores que sabían de todo: andar a caballo, carnear, trabajar con hacienda y arreglarse en las distintas labores.
“Eso se fue degradando”, afirma. Para él, muchos jóvenes de familias rurales encontraron otras alternativas laborales y el trabajo de campo dejó de ser atractivo para buena parte de las nuevas generaciones.
El jabalí, un problema
Entre los principales problemas para la producción ovina menciona a los depredadores. En particular, el impacto del jabalí, cuya presencia creció en la zona.
“Cuando hay menos gente en el campo, el espacio que uno no ocupa lo ocupan otros”, plantea. Su establecimiento, cerca de ambientes costeros y zonas con agua, reúne condiciones favorables para estos animales.
El problema no es menor y se suma a las dificultades de una actividad que necesita un manejo más intensivo.
Trayectoria
Las exposiciones rurales acompañaron buena parte de su carrera. Sus primeras presentaciones se remontan a la década del 70, cuando empezó a concurrir con sus animales a las muestras de Patagones y después a otras de la región.
En la 30° exposición de Viedma volvió a tener una actuación destacada: obtuvo el primer premio de borrego y el primer premio individual. Después llegaron los reconocimientos más importantes: el lote Gran Campeón y el Borrego Gran Campeón.
“Me siento muy realizado y muy contento de que me hayan invitado”, dice.
Pero su participación no se limitó a competir. También fue jurado de carneros de pedigree en esta edición de Viedma y participó en distintas muestras importantes del país.
En Palermo fue convocado como jurado en varias oportunidades. La primera invitación llegó en los años 1992-1993 y luego entre 2006 y 2007. Para él, esos llamados fueron un reconocimiento a una trayectoria construida alrededor de la producción ovina.
“He tenido varias cosas de esas en la vida. Reconocimiento por carneros, por las muestras, por mi comportamiento, por la trayectoria”, señala.
Parte importante de su formación estuvo ligada a productores y profesionales que le permitieron ver de cerca sistemas de producción de mayor escala. Recuerda especialmente a integrantes de la familia Apestegui, con quienes aprendió sobre manejo, organización y disciplina de trabajo. También se capacitó durante varios años en inseminación artificial, combinando teoría y práctica directamente en los establecimientos.
“Con ellos aprendí muchísimo”, reconoce.
Continuidad familiar
La familia ocupa un lugar central en el proyecto que construyó durante décadas. Está casado desde hace 52 años y tiene dos hijos. Uno de sus nietos, de 15 años, ya muestra interés por el campo y suele acompañarlo.
Gabilondo procura transmitirle conocimientos que van más allá de la producción: el uso del tractor, los caballos, las tareas cotidianas y, fundamentalmente, la manera de entender el campo.
“No es para que vaya, pero que conozca la esencia de la cosa”, explica.
No sabe si su nieto continuará finalmente con la actividad, pero entiende que el contacto temprano con el campo es la mejor manera de conocerlo.