400 viandas pagadas por día, 50 platos servidos: el comedor de la UNaF que nadie controla
En la UNaF se paga un presupuesto para cientos de viandas diarias, pero el almuerzo casi no tiene comensales. Quién maneja el comedor, qué pasó con la licitación y el dato que nadie puede explicar: todo queda para el final.
El Comedor Universitario de la Universidad Nacional de Formosa (UNaF) se convirtió en uno de los focos más conflictivos de la gestión del rector Parmetler. La concesión del servicio recayó en la firma privada La Recova por decisión unilateral, sin que interviniera la comisión creada específicamente para ese fin y sin la aprobación del Consejo Superior. Después, el contrato se prorrogó directamente desde un despacho, y los fondos nacionales que sostienen el servicio siguen sin rendir cuentas.
Hasta hoy no se sabe cuánto dinero público recibió la empresa. Tampoco se publicaron los pliegos de licitación ni se realizaron las inspecciones bromatológicas, edilicias y nutricionales que exige una prestación de ese tamaño. Nadie informó, además, qué pasa con la comida que no se consume.
El número que no cierra
La institución abona un presupuesto estimado para 400 viandas diarias. Sin embargo, durante el almuerzo las instalaciones quedan casi vacías: apenas se acercan unos 50 comensales. El desfase entre lo que se paga y lo que se sirve es uno de los puntos que más cuestionamientos acumula.
Sin Nutrición ni Bromatología, aunque se dictan en la UNaF
La paradoja es evidente: la universidad tiene las licenciaturas en Nutrición y Bromatología, pero el comedor no recibe pasantes ni aplica políticas alimentarias pensadas para la salud de los estudiantes. La administración del espacio está en manos de Rodrigo Rivero y Daiana Rivero, quienes no tendrían formación en la materia. Su principal antecedente, según la denuncia, es el vínculo familiar directo con Zully Rivero.
Alimentos en mal estado y un predio usado para otra cosa
A esa situación se suman las denuncias públicas reiteradas por la entrega de comida en mal estado, lo que pone en riesgo directo la salud de los alumnos. En paralelo, el predio suele destinarse a eventos que nada tienen que ver con su función social, y no se rinde cuenta del destino de los millones de pesos invertidos.
El reclamo apunta directo a los órganos de gobierno de la casa de altos estudios: «Se negocia con el hambre de los estudiantes; señores del Consejo Superior es hora de actuar y de obligar a dar transparencia de los actos de gobierno, dejen de alzar las manos para avalar la corrupción y beneficiarse a espaldas de la comunidad universitaria».

