18 jóvenes secuestraron un avión que volaba a Río Gallegos: lo que hicieron al aterrizar en Malvinas

¿Qué encontraron los 18 jóvenes que secuestraron un avión rumbo a Río Gallegos cuando aterrizaron en Malvinas? La historia esconde un detalle que pocos conocen.

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18 jóvenes secuestraron un avión que volaba a Río Gallegos: lo que hicieron al aterrizar en Malvinas
18 jóvenes secuestraron un avión que volaba a Río Gallegos: lo que hicieron al aterrizar en Malvinas

El vuelo 648-AR de Aerolíneas Argentinas despegó del Aeroparque a las 00:34 del 28 de septiembre de 1966 con destino a Río Gallegos, pero nunca llegó. Un comando de 18 militantes peronistas lo desvió hacia las Islas Malvinas en una operación que quedó en la historia: la primera vez que un avión fue secuestrado en el país.

La acción se llamó "Operación Cóndor" y la comandó Dardo Cabo, periodista y metalúrgico de 25 años. El grupo, integrado por jóvenes de entre 18 y 32 años del Movimiento Nueva Argentina, había planificado cada detalle durante meses.

El Douglas DC4 "Teniente Benjamín Matienzo" partió hacia Santa Cruz, pero a mitad de camino, entre Comodoro Rivadavia y Puerto San Julián, los militantes abordaron al comandante y le marcaron un nuevo destino. Argentina vivía bajo la dictadura de Juan Carlos Onganía, y la operación coincidió con la visita del príncipe Felipe a Buenos Aires.

Quiénes viajaban en el avión

Junto a Cabo viajaban Alejandro Armando Giovenco (21), Juan Carlos Rodríguez (31), Pedro Tursi (29), Aldo Omar Ramírez (18), Edgardo Jesús Salcedo (24), Ramón Adolfo Sánchez (20), María Cristina Verrier (27), Edelmiro Ramón Navarro (27), Andrés Ramón Castillo (23), Juan Carlos Bovo (21), Víctor Chazarreta (32), Pedro Bernardini (28), Fernando José Aguirre (20), Fernando Lisardo (20), Luis Francisco Caprara (20), Ricardo Alfredo Ahe (20) y Norberto Eduardo Karasiewicz (20).

Entre los 42 pasajeros se destacaba Héctor Ricardo García, director del diario Crónica, invitado por el propio Cabo para cubrir "una primicia". También viajaba el gobernador del entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, el contraalmirante José María Guzmán.

Uno de los pilotos del DC4 estaba al tanto de la misión y había practicado aterrizajes de emergencia en Chaco.

El aterrizaje en la turba y las siete banderas

Al llegar a las islas, el avión aterrizó en la misma pista donde dos años antes había volado el piloto Miguel Fitzgerald. La aeronave quedó atrapada en la turba al final de una recta de 800 metros. El lugar fue bautizado "Aeropuerto Antonio Rivero", en honor al gaucho que lideró un levantamiento contra los ingleses en 1833.

Los "cóndores", como se autodenominaban, colgaron siete banderas argentinas en alambrados y postes, cantaron el himno y tomaron como rehenes a algunos kelpers, incluido el jefe de la Policía local y un alcalde. Las banderas las había confeccionado la madre de Cristina Verrier, y el número siete respondía a un significado bíblico de perfección.

A las 09:57, usaron la radio del avión: "Operación Cóndor cumplida. Pasajeros, tripulantes y equipo sin novedad. Posición Puerto Rivero (Islas Malvinas), autoridades inglesas nos consideran detenidos. Jefe de Policía e Infantería tomados como rehenes por nosotros hasta tanto gobernador inglés anule detención y reconozca que estamos en territorio argentino".

El grupo se dirigió luego a la residencia del gobernador británico, sir Cosmo Haskard, para informar que la misión era "reafirmar la soberanía argentina" y que se trataba de una operación pacífica. Tras liberar a los pasajeros argentinos, los uniformados locales rodearon el avión con armas antiaéreas y armaron a civiles. La tensión duró 36 horas, hasta que el párroco holandés Rodolfo Roel ofició una misa a bordo a pedido de Cabo.

La rendición y el regreso

La entrega de armas la protagonizó el comandante Fernández García, reconocido como máxima autoridad por los cóndores. Tras 48 horas detenidos en la iglesia local, el 1º de octubre fueron trasladados a mar abierto para subir al buque Bahía Buen Suceso. El oleaje obligó a hacer dos viajes porque la escalera de soga era imposible de usar.

Ya a bordo, Cabo entregó las banderas al contraalmirante Guzmán: "Señor gobernador de nuestras Islas Malvinas, le entrego como máxima autoridad aquí de nuestra patria, estas siete banderas. Una de ellas flameó durante 36 horas en estas islas y bajo su amparo se cantó por primera vez el Himno Nacional".

En las islas quedaron los pasajeros sorprendidos por la acción. Entre ellos, una nena de nueve años, Lucía Miriam del Milagro París, alojada en la casa del gobernador con su madre, la azafata del vuelo. El director de Crónica le encargó espiar las conversaciones del mandatario local: debía avisarle cuándo levantaban el teléfono de la planta baja para que él escuchara desde la planta alta.

El 3 de octubre, el Bahía Buen Suceso dejó a los cóndores en Tierra del Fuego, detenidos en las jefaturas de la Policía Federal de Ushuaia y Río Grande. Acusados de privación de libertad y tenencia de armas de guerra, respondieron ante el juez Miguel Ángel Lima: "Fui a Malvinas a reafirmar nuestra soberanía". Lisardo fue el único que amplió: "Lo volvería a hacer".

Quince recuperaron la libertad tras nueve meses. Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez permanecieron tres años presos por sus antecedentes como militantes de la Juventud Peronista. En 1967, Cabo recuperó las siete banderas y tres años después entregó una a César Cao Saravia junto a una carta.

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