15 años, 4.000 butacas y una pregunta que el pastor esquivó: qué hay detrás del templo más grande de Neuquén
El templo evangélico más grande de Neuquén abre sus puertas y el pastor esquivó la pregunta que todos hacen: cuánto salió semejante obra. Lo que dijo sobre el diezmo, los dólares y la plata de los fieles deja a más de uno pensando.
Desde la Avenida Mosconi, frente a la Terminal de Ómnibus, el edificio se impone como una nave de hormigón y metal con techo curvo. Durante meses se viralizaron fotos aéreas, comentarios y sospechas sobre el dinero detrás de la obra. Pocos lo atravesaron por dentro: LM Neuquén lo recorrió junto al pastor Hugo Márquez y al ingeniero Daniel Soto, que dirige los trabajos desde el primer día.
La Iglesia Bautista Jesús es Rey se muda a fin de mes desde su sede histórica de la calle Roca, en pleno centro, al nuevo predio de Juan Julián Lastra 3100. La comunidad arrastra una historia larga, mucho más vieja que la coyuntura que la puso en boca de todos: que Nadia Márquez, hija del pastor, sea senadora nacional por La Libertad Avanza.
“El terreno que no podíamos comprar”
Márquez, de 73 años y vicepresidente de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA), resume la obra con una frase que repite como un mantra: “Este es el terreno que no podíamos comprar y este es el templo que no podíamos edificar. Pero las cosas se dan por obra de Dios”.
Cuando buscaban un lugar más grande que el de calle Roca, el predio apareció y lo descartaron de entrada. “Era imposible”, recuerda. Hoy lo cuenta como una prueba de lo que en la congregación llaman “provisión”. “En estos 15 años hemos visto la provisión de Dios parte por parte, pedacito por pedacito. Por eso tardamos 15 años”, explica.
El terreno tiene su propia memoria: muchos neuquinos lo asocian con la vieja avícola Bambi. Tras la quiebra, pasó a manos de Geolog, una firma de servicios petroleros que, con la crisis de 2009 y 2010, se desprendió de varios inmuebles. La compra se cerró en 2011, según el pastor. “Era otra época, otros precios. Hoy comprar esto es tremendo”, reconoce.
Las oficinas de esa etapa no se demolieron: se integraron al diseño. En 2012, antes de mover un gramo de suelo, se colocó la piedra fundamental con una Biblia y una placa. Hoy está en el ingreso, rodeada de plantas.
Una parrilla de 55 metros sobre la nave
El proyecto es del estudio Maradei, de Buenos Aires. La iglesia lo eligió porque, según Márquez, cotizaba “diez veces menos” que las opciones locales. La primera etapa tardó unos tres años y quedó en manos de la constructora BKM, que hizo fundaciones, gradería de hormigón, perímetro y cubierta.
Lo que más impacta está arriba. Soto señala la doble viga diagonal que cruza la nave de punta a punta. “Tiene 55 metros de largo y cinco de alto”, detalla. Es una única estructura reticulada, una “parrilla” metálica de la que cuelgan los reflectores. Para montarla cavaron un pozo: las plumas de las grúas no llegaban a la altura necesaria.
El predio suma unos 8.000 metros cuadrados, con 6.600 construidos. De ellos, unos 2.500 corresponden al auditorio, que cuando esté completo tendrá capacidad para 4.000 personas sentadas: 2.500 en esta primera etapa y 1.500 en la segunda. El escenario es circular, revestido en piedra, y el piso tiene terminación en espiga. Debajo de las gradas funcionan baños y espacios de servicio. El hall es vidriado, de doble altura, con escaleras de barandas de vidrio y cafetería. Afuera hay tres estacionamientos para 120 vehículos, pensados para una zona semiindustrial y para fieles que llegan de toda la región.
Comprar local y poner el cuerpo
Terminada la etapa de la constructora, la obra pasó a administración propia: pisos, escenario, instalaciones y terminaciones. Ahí aparece el dato que el pastor más subraya: los proveedores son todos locales. La iglesia decidió comprar en Neuquén y a empresas de la región en lugar de traer materiales de afuera.
La mano de obra también tuvo sello propio. Buena parte la hizo el “voluntariado”: fieles que pusieron horas, oficio y fines de semana. A ellos se sumaron empresas que aportaron materiales o trabajo, algunas sin querer aparecer.
Márquez habla de “provisiones” que llegaron sin buscarlas. Un fiel bautista de San Luis se mudó a Neuquén con su equipo técnico y hoy está a cargo de la parte audiovisual. Un contador jubilado pasó por la ruta, vio el templo y les donó los cuadros de su estudio: son los únicos que hay en el edificio.
La pregunta por la plata
¿Cuánto costó? Es la consulta que se repite en redes y que también recibió este medio. Márquez no da una cifra. “Es como si yo te pregunto cuánto pagaste por tu auto”, responde. Y asegura que no maneja el dinero: “Yo no tengo la chequera, no tengo acceso a la cuenta, no firmo nada”. La administración está a cargo de un equipo encabezado por el pastor David Schlereth, responsable de la parte contable.
Lo que sí explica es de dónde salió. Vuelve a la Biblia: “En el libro de los Hechos dice que los primeros cristianos se reunían, compartían la palabra, oraban, cantaban y levantaban ofrenda. Hacemos lo que hacían los primeros discípulos”. Para él, la ofrenda no es un pago sino una forma de culto: “Tiene que ver con el desarrollo de lo que Dios nos ha dado, con extender su reino, con hacer discípulos”.
Ahí aparece una distinción que en las redes casi nunca se hace. Una cosa es la ofrenda, voluntaria y de cualquier monto, que se levanta en cada reunión. Otra es el diezmo, el diez por ciento de los ingresos que la tradición bíblica propone entregar a la iglesia. Y Márquez reconoce algo que desarma la imagen del fiel obligado a pagar: la mayoría de los miembros no diezma. Son más los que no lo hacen que los que sí.
“No hemos recibido dólares, no tenemos préstamos bancarios, no estamos endeudados. Todo ha sido con el aporte de miles de personas”, afirma. Y agrega: “No somos ricos ni tenemos dinero guardado”. Ante las críticas, compara: “¿El casino no le saca más plata a la gente? Si esto fuera un casino, nadie diría nada. Si esto fuera un bingo, nadie diría nada. Nadie puede decirme a mí qué hago con lo mío. Yo ofrendo a la iglesia”.
Hoy, arrancar un edificio así desde cero no bajaría de los 10 millones de dólares, según la estimación que surge de la valorización del metro cuadrado y los costos actuales de construcción. Además, Jesús es Rey funciona como fundación, igual que otras instituciones educativas no evangélicas ni católicas, como la Fundación Padre Jacinto Stabile con los colegios Virgen de Luján.
Sin oro, sin santos, sin sotanas
Adentro no hay oro, ni santos, ni cúpulas pintadas. “No es el Vaticano”, ironiza Márquez. El diseño tiene forma de hemiciclo, “como un parlamento”, para que el último de los asistentes vea de cerca al orador. “La iglesia no es gente dispersa, es una familia. Si hacíamos un templo tradicional, a lo largo, el último no ve nada”, explica.
Tampoco habrá fotos suyas ni de los pastores anteriores. “Nuestro culto es solo a Dios. No hay vivos ni muertos a quien reverenciar. No podemos adorar a la criatura sino al Creador. Lo único que hacemos es señalar a Jesús”.
Sobre la idea de progreso, es filoso: “En Neuquén se están construyendo 144 edificios; ¿por qué nosotros no podemos tener un templo acorde a la ciudad? Acá adentro no hay cosas suntuosas, no hay oro y no hay reliquias, solo comodidades, lugares de encuentro para una multitud de fieles”. Y remata: “Muchas veces parece que mientras más miserables y más pobres son las obras de Dios, más espirituales. El otro era un templo de la ciudad; nosotros queríamos un templo para la región”.
Un siglo de historia bautista
Antes de mostrar una sola columna, Márquez insiste en que el templo no es “de los Márquez”. “Nadie dice la catedral de tal obispo”, compara, en referencia al obispo Fernando Croxatto. Según el pastor, se trata de la primera iglesia evangélica de Neuquén: más de un siglo de presencia y, el año próximo, 90 años como congregación organizada.
Los primeros creyentes llegaron desde Rosario y Buenos Aires y se reunían en casas de la vieja ciudad. Hubo un misionero estadounidense en los primeros años. Después llegó Jorge Bowdler, señalado por Márquez como el primer pastor de la etapa organizada. Le siguieron Juan Pluis y Roberto Romanelli.
Pluis cruzó el río Neuquén en balsa, con un auto cargado de biblias, cuando el puente todavía no existía. Se instaló en San Martín al 400, predicó bajo un árbol y hoy da nombre a una calle del oeste neuquino. De Romanelli recuerda que es conocido en el ambiente evangélico por una edición de la Biblia en estilo gauchesco, al modo de José Hernández.
En 1967 llegó Lorenzo Nicolás Klink. Alquiló un salón en Rioja 36 y compró el terreno de Roca al 400, donde funcionó durante décadas la sede histórica, en Roca 445. Desde ahí impulsó misiones en Centenario, Plottier, Chos Malal, Cutral Co, Senillosa y Zapala. Durante la construcción de El Chocón levantó una iglesia en la villa temporaria y puso al frente a Daniel Casellas, el primer “pastor obrero”. En 1989 presidió junto al obispo Jaime de Nevares el Comité de Acción Solidaria, que durante cuatro meses sostuvo comedores para más de 8.000 personas. Se retiró en 1993 y en 2010 fue declarado Vecino Ilustre.
El templo de calle Roca se inauguró con la presencia del entonces gobernador Felipe Sapag. “Han tenido contacto con todos los gobiernos provinciales, todos”, remarca Márquez. Esa sede despidió a sus fieles el domingo 4 de octubre, con el último culto antes de la mudanza.
Márquez llegó hace más de tres décadas desde un primer pastorado en Avellaneda, Buenos Aires. Hoy la iglesia tiene filiales en Belgrano y Winter de la capital, en Centenario, en San Martín de los Andes y hasta en África. Cada una se organiza de manera local. “Somos bautistas, pero la organización es local, no depende de otro lugar”, explica. Solo en la sede central se reúnen cerca de 2.000 personas cada domingo.
AMEN y las ambulancias que se apagaron
De esa iglesia nació la Asociación Mutualista Evangélica Neuquina, AMEN. Es una organización separada, pero “nacida del espíritu y de la visión de la iglesia”, aclara Márquez. Tiene una rama educativa y tuvo una rama médica.
La escuela se fundó en 1977; un año después abrió el jardín “Amiguitos” y, grado por grado, creció hasta tener secundario. Su primera directora fue Beatriz Cobo. Hoy el colegio AMEN es uno de los más conocidos de la capital.
La rama médica tuvo como primer director al considerado primer terapista de la ciudad, que formó a médicos y paramédicos. De ahí salió el servicio de ambulancias que muchos neuquinos todavía recuerdan. “Era gratuito para toda la ciudad. Vos sufrías un accidente y AMEN te atendía gratuitamente”, cuenta Márquez, que lo define como el primer servicio gratuito de emergencias médicas de una ciudad latinoamericana. Funcionó unos 20 años, desde 1980, hasta que, según su versión, “intereses del poder del Estado” los desplazaron: “Nos corrieron, nos echaron y pusieron a sus amigos”.
Entre los médicos fundadores menciona a Abel Vallejos, de Centenario, veterano de Malvinas y misionero en África, distinguido como ciudadano ilustre en Centenario y en Picún Leufú.
El colegio también tiene su costado político. Según Márquez, dirigentes políticos y sindicales de distintos colores eligen AMEN para sus hijos y colaboran con la institución. Ahí se explica parte del financiamiento.
De la congregación a la política
Si hay un nombre que resume el cruce entre iglesia, AMEN y vida pública neuquina, es el de Rodolfo Inda. Es el primero que menciona Márquez al enumerar dirigentes surgidos de la congregación. Venía de familia evangélica y se había formado en la Iglesia Evangélica Bautista de Bahía Blanca. En 1983 fue candidato a intendente por el radicalismo. En 1982 llegó a la presidencia de la Federación Neuquina de Cooperativas y ese mismo año fue electo presidente de CALF.
Márquez no esquiva la política: la usa para explicar cuánto se metió la iglesia en la sociedad neuquina. “La gente no lo sabe”, dice. Además de Inda, nombra a David Schlereth, hoy en el equipo pastoral, que fue presidente del Concejo Deliberante en dos períodos y diputado nacional en otros dos. Llegó a la política de la mano de Horacio “Pechi” Quiroga.
El caso que muestra con más orgullo es el de Osvaldo Llancafilo, diputado nacional entre 2023 y 2025 y hoy funcionario del gobierno de Rolando Figueroa. “Venía de una familia muy sencilla, se educó en nuestra escuela, se graduó y llegó a diputado nacional. Él lo dice en todos lados”, cuenta.
La lista termina en su casa. Su hija Nadia fue concejal y electa diputada provincial, aunque no asumió esa banca porque llegó por voto popular a la Cámara de Diputados de la Nación. A mitad de ese mandato ganó una banca en el Senado por La Libertad Avanza. “Hemos participado políticamente en el MPN, con Pechi Quiroga, ahora en La Libertad Avanza, pero no como iglesia, porque cada uno tiene su pensamiento”, aclara el pastor.
Y devuelve la pregunta hacia la Iglesia católica: “Dicen que no participan en política, pero sabemos que sí. Mirá las declaraciones de los obispos. Yo no digo que esté mal. Lo que digo es que nadie diga que no participa”.
“Nos tratan como ciudadanos de segunda”
Lo que más le molesta es la etiqueta. “Es sumamente discriminatorio que digan ‘la diputada evangélica, pastora Nadia Márquez’. Nadie dice el diputado católico ni el diputado agnóstico”, plantea. Lo compara con la manera en que algunos medios señalan el origen de un detenido de la comunidad gitana: “Nadie dice un ruso, un español o un italiano. Lo mismo hacen con los evangélicos”.
“Parece que los evangélicos nos tenemos que quedar encerrados, sin aparecer. Nos siguen viendo como secta o como extranjeros indocumentados. Y a mí nadie me descuenta los impuestos: pagamos el cien por cien”, agrega. Para el pastor, “algunos periodistas conocen esta historia pero se quedan callados y hacen creer que estamos haciendo algo raro”.
Los números, en buena medida, lo respaldan. El INDEC no pregunta por religión en el censo, pero la Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas del CONICET mostró que los evangélicos pasaron del 9% de la población en 2008 al 15,3% en 2019. Este año, el Barómetro de las Religiones de la UBA los ubicó en el 17,4%, ya como la segunda identidad religiosa del país, y en el 23,6% entre los jóvenes de 16 a 29 años.
En la Patagonia la presencia es todavía mayor. Según el mismo relevamiento del CONICET, uno de cada cuatro patagónicos se define como evangélico (24,3%), mientras que los católicos cayeron del 61,5% al 51,3% en once años.
“Somos como vos”
Para explicar quiénes son, Márquez recurre a Jesús. “Jesús era gente de su época. Comía con los pecadores, se vestía como cualquiera, dormía con sus discípulos. Y calculo yo que roncaba”, dice entre risas. Recuerda que hasta Juan el Bautista dudó: “¿Sos vos o tenemos que esperar a otro?”.
De ahí saca su argumento final: “Yo soy pastor, él es ingeniero, el otro es contador. Estoy casado, sé lo que es llevar una familia adelante, tengo que comprar una casa, no vivo en la iglesia, no me pongo ropa distinta. La Iglesia católica tiene un santo padre; nosotros tenemos una función pastoral, pero somos como vos. Por eso podemos entender tu conflicto familiar, la educación de tus hijos, la necesidad económica, porque también lo padecemos”.
La transición
La apertura de la primera etapa estaba prevista para el sábado 31 de octubre. Para el pastor, la mudanza también marca un cambio de época. “Yo no estoy acá hasta la muerte”, dice. Ya empezó a dejarle lugar a Matías Riffo, pastor surgido del barrio Rosario y esposo de la senadora Márquez. Será la cuarta transición pastoral desde que la iglesia se organizó.
Márquez insiste en que el apellido no convierte al templo en propiedad familiar. “Yo soy un pastor entre pastores. Después de mí sigue otro, y después vendrá otro. Esto es de una comunidad”.